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El largo feriado alejó a los usuarios de los hospitales, pero también apaciguó el reclamo de los médicos. El Hospital Pablo Arturo Suárez, de Quito, donde hubo 150 despidos, según la Federación Médica Ecuatoriana, lucía desierto la mañana de ayer. Los guardias fueron la única referencia que encontraron los pacientes despistados del feriado que llegaron hasta esta casa de salud, en el norte.

Los uniformados les informaban que no había ningún médico en el hospital y que volvieran el lunes para la consulta externa o les sugerían intentar que les atiendan en emergencias.

La disminución de la atención hospitalaria es usual durante los días festivos, pero a esto se suma la falta de personal tras los recientes despidos. En los tres pisos de este hospital público ayer primaban los estudiantes que trabajan como médicos internos. Sus trajes azules o grises los separan de los médicos residentes y tratantes que visten de verde.

En el piso de medicina interna de mujeres, que tiene 60 camas para acoger a las pacientes con diagnósticos que no encajan en el resto de unidades, apenas había dos médicos residentes, dos enfermeras, dos auxiliares y dos estudiantes de enfermería.

Uno de los residentes, Nicolás Pacheco, que cursa su primer año de posgrado en emergencias, pasaba revista a las pacientes del piso a primera hora de la mañana. No encontró mayores novedades y mencionó que si las hubiera, localizaría al médico tratante o al especialista de inmediato.

La primera alerta para Pacheco saltó en una de las habitaciones de aislamiento donde estaba una mujer de 89 años, que tenía una enfermedad pulmonar y entró en paro cardiorrespiratorio. A la tarea de reanimación se sumaron las enfermeras, las auxiliares, los estudiantes con sus máscaras y sus guantes de látex. El médico tratante del área de terapia intensiva llegó al final y su presencia fue prácticamente para certificar la muerte de la paciente.

Luego dejó el hospital. Solo minutos después fue imposible localizarlo en terapia intensiva. Allí solo estaban los médicos posgradistas que se negaron a hablar.

Una de las enfermeras que estaba en el piso de medicina interna y que también le convocaban para bajar pacientes de traumatología hasta los quirófanos dijo que la situación sería peor en los siguientes días del feriado.

Para hoy, por ejemplo, en la hoja de turnos solo aparecía una enfermera y una auxiliar para atender las 60 camas, que hay en el área de medicina interna.

La segunda calamidad del Hospital Pablo Arturo Suárez en estos días fue la renuncia de doce enfermeras. Se fueron porque ganaron el concurso para trabajar en el nuevo Hospital San Francisco del IESS, que abrirá en diciembre. (ver nota compartida).

Nadie ha dicho nada de los reemplazos, el personal no tiene claro cómo se va a trabajar a partir del lunes. En los corrillos que se forman en los pasillos se escuchan que se ha ido el jefe de cirugía, el jefe de traumatología, el médico que trataba a los pacientes hematológicos, el único cardiólogo del hospital, etc.

La doctora que estaba de guardia ayer, Cristina Endara, médico residente, en la especialidad de cirugía general, explica que aunque ella puede operar sí hace falta la experiencia y también se pregunta cómo van a cumplir con el trabajo planificado.

IESS absorbió personal médico

El Hospital San Francisco del IESS  abrirá en diciembre y necesitará una plantilla de 704 personas,  500 de estos puestos son para    profesionales de la salud, según el director de Salud del IESS, Henry Medrano. Los resultados del concurso de oposición que organizó el  IESS para seleccionar a su personal se dieron a conocer a finales de octubre. Esto ha provocado la renuncia de  un sinnúmero de profesionales que estaban trabajando en las unidades del Ministerio de Salud Pública.   
 
En el caso particular del Hospital Pablo Arturo Suárez, un total de 12 enfermeras  renunciaron el 1 de este mes. Esto complica más la atención  que brinda esta unidad de salud pública.
 
La fuga de personal médico del Ministerio de Salud al Seguro Social  ha sido un hecho conocido. Hace unos meses el jefe de cirugía cardiotoráxica del Hospital Eugenio Espejo, se pasó al IESS.

Medrano explicó en una entrevista con este periódico que el IESS históricamente  ha pagado más que el resto de instituciones públicas y que es  obvio que la gente siempre va a querer estar en las unidades del Seguro Social.

El IESS necesitará más personal en Quito  el año siguiente porque  compró un edificio  comercial en la avenida Colón (antes almacenes Rose)  y lo convertirá en un centro de consulta externa.

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