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Los enfermos de diabetes que no llevan su tratamiento adecuadamente son los que tienen mayor riesgo de generar insuficiencia renal crónica (IRC).

imagen Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay 150 millones de personas que tienen diabetes y hasta el 2015 se calcula que ascenderá a 300 millones, con el agravante de que muchos terminarán en unidades nefrológicas con males terminales.

Aunque en el país no hay cifras globales de las personas que padecen esta enfermedad, se calcula que más de 400 000 están en tratamiento médico.

Andrew Murgueitio, de 38 años, quien vive en el sector de la Granda Centeno, es una de las víctimas de las secuelas de la diabetes mellitus, que hoy recibe un tratamiento de hemodiálisis por el convenio que tiene el IESS con clínicas privadas.

A él le diagnosticaron su enfermedad a los 9 años, pero no llevó un tratamiento adecuado y generó problemas de retinopatía (enfermedad en los ojos) nefropatía (problemas en los riñones), hepatitis B. Incluso, sufrió un proceso infeccioso por el que tuvieron que amputarle la pierna derecha. Este afiliado asegura que la hemodiálisis, que se realiza tres veces por semana, le permite tener “una vida llevadera”.

Sandra Mendizábal, directora médica de la unidad de Hemodiálisis Baxter de Quito, explica que si bien la diabetes es uno de los factores de mayor riesgo, también hay gran incidencia en pacientes con hipertensión severa trastornos inflamatorios del propio riñón y enfermedades del corazón.

La insuficiencia renal crónica también puede darse como consecuencia de cálculos, hipertrofia prostática y otros problemas obstructivos o infecciones crónicas de las vías urinarias.

El exceso de consumo de medicamentos, químicos o drogas y los abusos de grasas o lípidos son otros factores que pueden llevar a una persona a desarrollar esta enfermedad, que requiere un tratamiento de por vida.

Luis Manjarrez, jefe de nefrología del HCAM, agrega que la edad también es un factor para generar cierto grado de insuficiencia renal.

Explica que lo normal es que un riñón procese de un promedio de 120 a 130 mililitros (ml) de líquidos por minuto, pero a partir de los 30 años los riñones pueden perder capacidad y procesar cada vez menos. Lo grave es cuando solo procesan 15 ml por minuto, que es cuando una persona ya necesita una terapia sustitutiva.

Jorge Galárraga, jefe de la unidad de Hemodiálisis de Sermens, aclara que mucha gente no se da cuenta de este mal porque la enfermedad es silenciosa y los síntomas (palidez, falta de apetito, diarreas, sudoración, dolor de cabeza, fatiga, indigestión, orina frecuente en la noche, náusea e irritabilidad) se manifiestan cuando es muy tarde.

Mendizábal agrega que cuando ya hay un diagnóstico de diabetes o hipertensión, hay que identificar otros factores de riesgo como el sedentarismo, mala alimentación o tabaquismo, que pueden convertirse en detonantes de la insuficiencia renal.

A nivel general, recomienda evitar el consumo excesivo de grasas, que aumentan los triglicéridos y el colesterol.

Mendizábal aclara que la IRC es una epidemia que no solo ataca a los adultos sino que también se presenta en niños que tienen problemas congénitos, trastornos propios del riñón o infecciones de tipo urinario.

La especialista explica que estos casos son inevitables y comenta que la mejor terapia para los chicos es la diálisis peritoneal automatizada, que se realiza todas las noches y les permite que tengan una vida normal.

Nilda Villacrés, subdirectora regional de Salud del IESS, dice que para evitar una alta incidencia de casos de IRC se deben crear programas de seguimiento para pacientes diabéticos, hipertensos y cardíacos. “Un control estricto de sus tratamientos evitará que entren tan pronto a la IRC”.

El plan del IESS es trabajar directamente con estos pacientes en unidades ambulatorias y en los servicios de consulta externa de los hospitales.

“Lo que queremos es implantar un protocolo de vigilancia”, manifiesta la funcionaria, quien recuerda que la atención de estos pacientes es muy costosa para los sistemas de salud, especialmente ahora que hay una mayor población de adultos mayores.

Como los riñones son los filtros que evitan que el cuerpo se llene de elementos tóxicos, Villacrés dice que la responsabilidad de su cuidado está en cada persona.

Sostiene que para prevenir la insuficiencia renal hay que aumentar su actividad física, alimentarse bien y someterse a chequeos periódicos, especialmente si hay antecedentes de diabetes o hipertensión. La automedicación y el consumo de químicos también son factores de riesgo.

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