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La firma de J. Quiroz se camufla en un bosque de acuarelas destellantes. El lienzo se seca frente a una ventana de la sala de arte del Instituto de Neurociencias, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

A su creador no le agrada que le digan ‘paciente’. “Aquí no hay pacientes, somos artistas”, le dice a su profesor, el pintor Alfonso Uzhca. “Les doy la técnica y ellos reflejan lo que tienen dentro. Es una buena terapia y hay obras asombrosas”, comenta el maestro.

Óleos, crayones y acuarelas dan forma a cautivantes rostros de mujeres y paisajes de colores alucinantes… El nombre artístico J. Quiroz resalta en varias de las obras colgadas en las paredes.

Esa es solo una de las terapias que aplica el Instituto de Neurociencias para el tratamiento de enfermedades mentales. La entidad es la más grande del país en esta especialidad y una de las más antiguas. Tiene más de 130 años de creación y en el 2011 atendió a 19 511 personas y registró 68 458 consultas ambulatorias.

Su director técnico, Fabrizio Delgado, explica que el centro dio un giro en los últimos años. Pasó del Hospital Lorenzo Ponce, donde en los años 80 concentraba a 1 500 pacientes internados; a un Instituto que redujo la cifra de internos a 450 en el asilo.

“La transformación no fue solo de nombre. Antes teníamos una estructura manicomial. Pero desde 1990 América Latina se inclinó más por la reducción de los asilos para motivar la reinserción del paciente en la sociedad”.

En ese aspecto, el Instituto de Neurociencias aportó con varias ideas al Plan Nacional de Salud Mental 2011-2015, del Ministerio de Salud. El plan establecía la creación de centros comunitarios y tenía un presupuesto de USD 12,7 millones. Pero se archivó.

Delgado indica que el Instituto hizo un anteproyecto enfocado en un tratamiento breve en internamiento y más atención de tipo ambulatoria. “Nuestro Ministerio de Salud está muy atrasado. Estamos muy decepcionados porque pensábamos que finalmente con este plan se tejería una red de servicios comunitarios. Aquí el único perjudicado es el paciente”.

Y aunque el plan nacional se estancó, el Instituto de Neurociencias aplicó sus propuestas casa adentro con varios programas. Uno es el de soporte postegreso, que consiste en el envío de medicina a domicilio, para los usuarios que viven fuera de Guayaquil. A futuro el servicio se complementará con consultas por Internet.

Otro es el Plan de Psiquiatría Comunitaria. 200 médicos de las áreas de salud fueron capacitados en enfermedades mentales y son quienes dan alertas de la evolución de los pacientes egresados.

El hogar protegido es otra iniciativa. El subdirector Carlos Orellana explica que esta opción beneficiará a los pacientes que no son recibidos por sus familias. El plan piloto será con cuatro mujeres que vivirán en una casa fuera del hospital, con supervisión mínima e incluso saldrán a laborar. En dos años tendrán 20 hogares.

Para quienes requieren hospitalización, el Instituto planifica reducir el tiempo de estancia de 30 a 21 días, según Juan Francisco Varas, jefe del Hospital Psiquiátrico. Esquizofrenia, trastornos psicóticos y bipolares son los males más comunes en el área, con espacio para 150 usuarios.

Al ingreso el paciente es estabilizado con medicación. Luego pasan a terapias grupales y actividades de recreación con juegos, deportes, aeróbicos y baileterapia.

En una sala espaciosa, pacientes y familiares se reúnen desde las 08:00 para oír temas como las enfermedades mentales y la importancia de no abandonar el tratamiento. “La familia es esencial en la recuperación”, dice la doctora María del Carmen García.

El 90% de quienes ingresan al hospital vuelve a casa. Un 10% pasa al asilo por un tiempo más. Ahí la rehabilitación continúa con terapias de la vida diaria en salas de costura, pequeñas cocinas adaptadas y hasta en ‘Neuro wash’, un servicio de lavado de autos.

“Ellos logran desenvolverse por sí solos, no son una carga para su familia”, dice Nelly Llamuca, asistente de enfermería. A pocos pasos, J. Quiroz se saca su mandil blanco. Parece otro lienzo, embarrado con acuarelas multicolores. Él, dentro de poco, volverá a casa.

Atención comunitaria

Un 40% de pacientes internados  en el Instituto de Neurociencias de Guayaquil es de otras provincias, como Pichincha.

Las charlas de  psicoeducación se dan a por lo menos el 60% de los familiares. El objetivo es que el 90% de los pacientes retorne a casa.  

Los guías terapéuticos se suman  a la cadena de atención al paciente psiquiátrico. La semana pasada, varios  profesionales del Instituto de Neurociencias  fueron capacitados en esta área.

Hace más d e 20 años   estos guías son parte de la atención en otros países. Son  enfermeros,  son psicólogos que dan seguimiento a los pacientes. Son el nexo entre   el hospital y la familia.


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