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Para Pablo Ruiz, enfrentarse a la muerte fue decisivo. La grasa saturada que consumía se fue acumulando en las paredes de sus venas. Su presión arterial se vio afectada y una noche, mientras dormía, sintió un fuerte dolor de pecho. El cardiólogo le dijo que se trataba de una angina de pecho.

Walter Rodríguez, médico internista, explica que esto sucede cuando una placa de grasa ocupa más de un 50% del espacio de la arteria y obstruye el flujo normal de la sangre. “Cuando el paciente hace fuerza se produce una baja de oxígeno en el músculo y esto produce dolor”.

La angina de pecho es considerada una de las enfermedades del corazón y en algunos casos es señal de alerta de un posible infarto. Otros síntomas que se pueden presentar, producto de una mala irrigación sanguínea que afecta al corazón, son adormecimiento o dolor de brazos, mandíbula o espalda, dificultad para respirar, náuseas o vómitos, mareos, desmayos y palidez.

Para Rodríguez, el caso de Ruiz responde a una epidemia llamada síndrome metabólico, un cuadro que incluye hipertensión arterial, aumento de los niveles de azúcar, niveles sanguíneos elevados de triglicéridos, exceso de grasa alrededor de la cintura.

Esta epidemia, según el especialista, es consecuencia de una alimentación poco saludable (comidas chatarra), del sedentarismo (poca actividad física) y del mal manejo del estrés.

Sin embargo, en los consultorios del país se siguen atendiendo patologías que en otros lugares han sido erradicadas. La cardiopatía reumática es una de ellas.

Nelson Amores, cardiólogo, señala que se origina en los casos de amigdalitis estreptocócica en niños y jóvenes, que luego puede terminar en fiebre reumática. “Si alguien tuvo fiebre reumática en la adolescencia y no fue tratado adecuadamente, cuando cumpla 30 ó 40 años va a detectar un soplo cardíaco, producto de una válvula afectada”.

Afortunadamente esta secuela es fácilmente detectable, siempre y cuando exista una buena auscultación. Para ello el médico emplea un estetoscopio, instrumento con el cual pueden evaluar la frecuencia, intensidad, duración, número y calidad de los ruidos. Una vez que existe la sospecha, el paciente debe realizarse un electrocardiograma para ver en qué estado están las válvulas.

Al igual que la cardiopatía reumática, la cor pulmonale es otra de las enfermedades del corazón menos divulgadas, pero bastante frecuentes en consulta.

Se trata de la insuficiencia del lado derecho del corazón provocada por una hipertensión arterial prolongada en las arterias pulmonares y en el ventrículo derecho del corazón. Según Amores, esta enfermedad también afecta a las personas que fuman mucho, a las abuelitas que cocinaron con leña por muchos años, a quienes han trabajado con telares o a los profesores que emplearon pizarrones de tiza.

La señal principal en estas personas suele ser una tos prolongada a la que se acostumbran. Experimentan, además, hinchazón de la barriga y de las piernas.

El tratamiento consiste en medicinas que actúan haciendo que la conexión entre el corazón y el pulmón sea más blanda y posibilite la irrigación sanguínea.

Para Amores, es fundamental saber que el corazón tiene una repercusión inmediata sobre el cerebro. “Un mal funcionamiento puede ocasionar fallas en la concentración o un coágulo en el corazón puede migrar y ocasionar una embolia cerebral”.

Para recalcar todos los beneficios de la salud cardiovascular, la Sociedad Ecuatoriana de Cardiología emprende campañas de concienciación, que se realizan el 29 de septiembre de cada año (Día Mundial del Corazón).

El doctor Miguel Molina, presidente de la entidad, explica que en esta ocasión el mensaje está dirigido a las mujeres ecuatorianas.

“Queremos que sepan que las enfermedades cardiovasculares (problemas del corazón y del cerebro) provocan más muertes que el cáncer de útero, de seno y que los accidentes de tránsito”.

En el mundo, las enfermedades cardiovasculares matan una persona cada 39 segundos y en el Ecuador a dos cada hora. La cifra es alarmante. La buena noticia es que hay muchas cosas que modificar para reducirla.

Controle el estrés

No dejar  pasar los problemas: afrontarlos de una manera más activa, sin desesperarse.  

Un exceso  de análisis  de los problemas produce  ansiedad y un estrés negativo innecesario.

La práctica moderada  de algún deporte o ejercicio físico ayuda  a la relajación.

Tomar los fines de  semana como tiempo de ocio y descanso. Esto le aportará más energía en las jornadas laborales.  

Fomentar  buenas  relaciones sociales. Estas actúan como  un buen protector para la salud mental y física.

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