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El Ministerio de Salud no da cuentas de su acción durante la emergencia sanitaria que empezó el 10 de enero y que se prolongó en dos ocasiones. El 10 de junio terminó el segundo plazo que tenía esta Cartera de Estado para resolver la crisis hospitalaria en el país y no ha habido ningún balance. Lo único que ha trascendido en estos días es la adquisición, por USD 35 millones, de dos clínicas móviles. Una de ellas empezará a operar en Guayaquil el 20 de junio y la otra todavía no llega al país.

De los USD 406 millones que se destinaron para la emergencia solo se sabe que se han gastado 124 millones. Este dato lo reveló el Ministro de Salud, David Chiriboga, durante el juicio político que le plantearon los asambleístas Francisco Ulloa (MPD) y Abdalá Bucaram (PRE) por la muerte de los neonatos, y que fue archivado por la Comisión de Fiscalización y Control Político de la Asamblea Nacional.

Este Diario ha solicitado la entrevista con David Chiriboga desde principios de junio y no ha habido contestación. La respuesta recurrente del Ministerio de Salud, a la hora de hablar de la inversión hecha en sanidad, es que el actual Gobierno ha destinado USD 3 433 millones entre 2007 y 2010, mientras que los tres gobiernos que le precedieron (entre 2003 y 2006) invirtieron apenas USD 460 000.

La asambleísta Nivea Vélez ha pedido informes al Ministerio de Salud sobre la gestión de la consultora Gens Sapiens, contratada para administrar los fondos de la emergencia. Pero lo único que recibió como respuesta fue la copia del contrato que mantiene la consultora con el Ministerio por el valor de USD 3,4 millones.

Alberto Narváez, vicepresidente del Colegio de Médicos de Pichincha, dice que el problema es que “en este Gobierno se privilegia lo mediático y esto es lo contrario a lo necesario”. Este gremio ha analizado las emergencias pasada y su conclusión es que ha habido un despilfarro de recursos.

“Aunque (las emergencias) resolvieron problemas y mejoraron coberturas, hubo un gran desperdicio de dinero, al menos un 30% de recursos desperdiciados. Muchas de las cosas que compraron estuvieron en desuso porque faltaba personal o simplemente no había los transformadores eléctricos para que funcionaran esos equipos”, dice el representante de los médicos de Pichincha. “Después de tres años, muchas cosas se han ido activando, pero durante la emergencia no pasó nada”.

En Quito, los hospitales Eugenio Espejo y Baca Ortiz mantienen sus problemas de atención y déficit de medicamentos. Luis Espín, de la Asociación de Médicos del Baca Ortiz, señala que hace unos cuatro meses tienen bloqueadas las cirugías. “Están en espera por falta de quirófanos. Ya serán unos cuatro meses que estamos en esta situación y la directora y los administrativos dicen que tardarán unos tres meses más. Se hacen cirugías de emergencia, pero no las cirugías normales como luxación de caderas o alargamiento de miembros inferiores”. Víctor Álvarez, miembro del Sindicato de Médicos del Hospital Eugenio Espejo, señala que no ha habido ningún cambio durante los cinco meses de la emergencia. “No hemos visto ningún cambio en las unidades hospitalarias, la inyección de recursos económicos no se ha sentido. No hay insumos, no hay medicamentos, no se ha aumentado la capacidad de los hospitales”.

La adquisición de la Clínica Santa Lucía no ha llegado a nada y el gerente del Hospital Eugenio Espejo, Víctor Hugo Sevilla, se niega a hablar de este tema. “No me compete hablar de eso, no es un proyecto del hospital”. Prefiere hablar de la implementación de la unidad de trasplantes, la impermeabilización del edificio, la reforma del piso y la cobertura en medicamentos para pacientes.

La larga fila de personas que buscan sus medicinas en la farmacia del hospital evidencia una realidad distinta. El viernes pasado, las personas salían con sus recetas verdes a comprar en las farmacias privadas desde un jarabe para la tos hasta medicinas para la quimioterapia, como Marcia Espinoza, paciente con cáncer.

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