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Las últimas dos horas, Carlos Castillo las compartió con sus compañeros de trabajo. El lunes pasado, el médico de 60 años, especializado en traumatología y ortopedia, dejó su puesto en el Hospital l Ambato. Allí trabajó durante 30 años.

Castillo es uno de los nueve médicos especialistas que fueron separados de sus cargos. El día de la notificación atendía en su consultorio a un grupo de pacientes. Dos funcionarias del Ministerio de Relaciones Laborales llegaron a las 09:00.

Ellas le entregaron el documento aceptándole la renuncia obligatoria. Solo le dijeron que estaban cumpliendo una disposición y se marcharon.

Este especialista, de 1,70 m de estatura y de bigote, se graduó como médico cirujano en la Universidad Central del Ecuador en 1975. Antes de obtener el título laboró como residente en los hospitales Militar y del Seguros Social. Eso le dio experiencia.

A mediados de los ochenta asistió a un postgrado en traumatología y ortopedia que se dictó en el Hospital Andrade Marín, en Quito. Augusto Bonilla y Humberto Ramos, dos médicos reconocidos en el país, fueron sus maestros. Después de tres años obtuvo el título de traumatólogo.

Para retribuir sus estudios prestó sus servicios en el Hospital Regional Ambato durante tres años. Se presentó a un concurso de méritos y oposición. “Gané y soy un médico especialista, calificado porque he asistido a cursos de actualización en Estados Unidos, Colombia y más”, dice, afligido.

Hace tres meses, Castillo estaba de vacaciones en Baños de Agua Santa. Un médico residente del hospital Ambato le llamó por teléfono. Le dijo que era una emergencia, no podía resolver una fractura expuesta de codo de un niño de cuatro años.

Dejó a su familia y de inmediato se trasladó al hospital. Ingresó al quirófano. La cirugía fue un éxito. “Ese es el cariño que tenemos a nuestra gente, más que percibir un sueldo es la satisfacción de ver a la familia alegre”.

Recuerda que su padre, Julio Castillo, otro médico prestigioso de la ciudad, le motivó a que estudiara medicina. Su progenitor fue uno de los gestores -con el apoyo del ex presidente José María Velasco Ibarra- en la construcción del hospital Ambato, que ahora se planea derrocar para construir uno nuevo.

A Castillo le apasiona la biomecánica y su trabajo es devolver el movimiento a sus pacientes. “Todo lo que hago me gusta y eso es lo importante en un especialista”.

Con él dejaron la casa de salud especialistas en neurocirugía, traumatología, oftalmología, neumología, cirugía de cabeza y cuello, cirugía general...

El más afectado con la salida de los médicos es Ángel Llugsi, de 61 años. Él está asilado en la cama 5 de la sala de Cirugía de Hombres del hospital Ambato.

Hace un mes sufrió un golpe en la cabeza. El jueves 27 de octubre fue hospitalizado. El neurocirujano Luis Hernández, uno de los cesados en sus funciones, lo atendía. El lunes, le practicaron una radiografía.

Allí se determinó que tenía dos tumores y coágulos de sangre en el cerebro. Por eso debían operarle de urgencia. Ese día, Hernández fue separado de su cargo. “Solo está con sueros. Una cirugía cuesta USD 10 000 y no tenemos dinero, somos pobres”, dice Mercedes Cajas, su nuera.

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