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Las madres que la mañana del viernes pasado esperaban su turno fuera del consultorio de otorrinolaringología en el Hospital Baca Ortiz coincidían en decir que han esperado dos meses por su cita.

Solamente hay dos especialistas en esta área, quienes pese a haber anunciado su renuncia en agosto, conjuntamente con una veintena de médicos que mostraron su inconformidad por las 8 horas de trabajo y el maltrato institucional, siguen trabajando para conservar el servicio abierto.

“Yo desde julio ando por el turno”, decía Mariana Sulca, madre de un niño de 5 años que requería un examen de oídos. Las otras mujeres estaban más indignadas porque sus hijos necesitaron medicinas durante los meses de espera. Dora Loachamin contaba que a su pequeña de 3 años se le inflama el oído cada 15 días, debido a una fístula preauricular. “Me tuve que ir al centro de salud de mi parroquia, Cotogchoa, y pedirles medicina para aliviar el dolor de mi hija”.

Sonia Caiza, que también reside en la periferia de Quito, en Machachi, dijo que tuvo que enojarse para conseguir que en el centro de salud de su ciudad le pusieran dos inyecciones a su hijo para calmar las molestias que tenía en la garganta. “El Buprex (jarabe) ya no le aliviaba y el problema es que en Machachi no hay pediatra, solo médico general”.

La ministra de Salud, Carina Vance, dijo en un conversatorio el jueves que ha habido nueve solicitudes de renuncias ligadas al cambio de jornada laboral.

La dirección del hospital confirmó que dos cardiólogos prestaron sus servicios hasta la última semana de agosto y que los siete restantes se han acogido al proceso de compra de renuncias voluntarias con indemnización y están en espera de una respuesta del Ministerio de Salud.

Los cardiólogos que salieron del hospital el último día de agosto fueron José Gaybor, jefe del área, y Lucía Gordillo, encargada de hacer los ecocardiografías. En el equipo de cardiología quedan dos especialistas, que tienen que distribuirse el promedio de 70 pacientes que llega a diario a consulta externa y que ya esperaba un mes para ser atendido.

La consecuencia que más pesa con la salida del doctor Gaybor es que se ha parado el angiógrafo, un equipo de Rayos X cuya adquisición e instalación bordeó el USD1 millón. El cardiólogo ha dicho que luchó durante años para que este equipo llegara al hospital y poder resolver patologías como transposición de grandes arterias o hipertensión pulmonar severa. El equipo se compró en 2011, durante la emergencia sanitaria, y entró en funcionamiento en marzo de este año. Hasta la salida de Gaybor se había tratado a 32 niños en este servicio.

El problema de la movilidad de los médicos del hospital pediátrico también ha hecho que la Fundación Proyecto Fortaleza, que ayuda a pacientes con enfermedades catastróficas y raras, reoriente a sus miembros hacia otros hospitales públicos. Cecilia de Ashur, coordinadora de la fundación, habla de la dificultad de conseguir turnos en el Baca Ortiz desde que se dieron los primeros despidos (la compra de renuncias en octubre pasado).

“Envié una carta a la dirección (del pediátrico) para buscar una solución, pero nada ha cambiado. Opté por llevar a mis pacientes al servicio de Pediatría del Hospital Eugenio Espejo, he llevado a unos 15 más o menos. Allí hemos encontrado más apertura”.

Renuncias

En octubre del 2011   se produjo la desvinculación de un centenar de especialistas a escala nacional por la compra obligatoria  de renuncias.  La Federación Médica, sin embargo, habló de  más de 180 especialistas.

En el Baca Ortiz  se pidió la renuncia de más de 10  especialistas. Entre ellos Milton Jijón, María Barba y Norma Moncayo, quienes se dedicaban al tratamiento de enfermedades raras.
Las  madres  de pacientes del pediátrico se han quejado desde entonces porque los reemplazos no han sido satisfactorios. En el hospital jamás se ha dicho que hay un red de pediatras que dan mayor cobertura.

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