25 niños asisten al curso de cocina sin fuego en Casa Somos de Yaruquí. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

25 niños asisten al curso de cocina sin fuego en Casa Somos de Yaruquí. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

experimental

Los niños se divierten en la cocina de Casa Somos Yaruquí

Ana Veintimilla.
Redactora (I)

Dan las 16:00 en Yaruquí, aproximadamente 25 niños del sector ingresan a un aula ubicada en la Casa Somos, del Municipio de Quito. En la puerta se lee Aula de Cocina. Son niños desde cinco años que acuden los lunes y martes a recibir Clases de Cocina sin Fuego.

El lunes 14, Sabores visitó la clase en la que los niños elaboraron cebiche de chochos. Una receta local que el chef del Hotel Akros, Mauricio Solórzano, tomó como herramienta para mostrar a los asistentes que la cocina ecuatoriana “es una de las mejores”. Para el capacitador este tipo de talleres ayuda a promover “el amor por la cocina” desde edades tempranas.

Cada uno de los participantes trae ingredientes de sus casas para compartir y armar la receta con la guía de Solórzano, "les pedimos ingredientes que pueden encontrar en casa", dice. El ‘profe’ como le dicen los niños armó un pensum de cinco semanas con platillos fáciles de preparar y accesibles para los niños. Así, los cuchillos que se utilizan son de plástico, no trabajan con horno ni con cocina, cumpliendo el lema de cocina sin fuego.

Los niños van imitando las preparaciones que elabora Solórzano. Se ubican uno junto a otro alrededor de una larga mesa y se ponen delantales, gorros y redecillas para cubrir su cabello. El chef cuenta que para los niños la cocina todavía es un juego, “vienen a divertirse sin riesgo y de paso aprenden”. Por ello, el enfoque está en transmitirles normas básicas de limpieza en la cocina, tanto del área de trabajo como de higiene personal. Solórzano guarda un desinfectante cerca para limpiar las manos de los niños antes de tocar los alimentos.

En cada clase los niños aprenden nuevas recetas de cocina que pueden replicarlas en sus hogares. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

En cada clase los niños aprenden nuevas recetas de cocina que pueden replicarlas en sus hogares. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

Lorena Yánez, promotora de Casa Somos, cuenta que la idea es iniciar actividades alternas para los muchachos, “puesto que muchos de sus padres y madres trabajan en las tardes”. Cuando crearon los talleres infantiles plasmaron una agenda que incluye platos nutritivos con el uso de frutas y verduras.

Para estas recetas se ha buscado el uso de ingredientes sencillos. Así han elaborado brochetas de frutas, sánduches, gelatina, ensaladas y cebiche de chocho, entre otras cosas.

Arlene -de 11 años- entró al curso junto a sus primas, cuenta que ya había preparado cebichocho en casa, pero “aquí aprendemos más y se ve más divertido”, dice mientras corta una pequeña cebolla para añadirla a su preparación.

Los niños y niñas trabajan con sus propias herramientas como cuchillos plásticos para cortar la cebolla y el tomate. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

Los niños y niñas trabajan con sus propias herramientas como cuchillos plásticos para cortar la cebolla y el tomate. Foto: Eduardo Terán/ SABORES.

El curso tiene un valor de USD 1 por clase, dinero que se destina a los talleristas. El movimiento de cursos de cocina también se ha expandido hacia los adultos. Yánez explica que esta semana empieza el curso de galletería por un valor de USD 3, que incluye ingredientes, y los jueves se dictan los cursos de chocolatería por el mismo costo.

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