Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. EL COMERCIO

Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. EL COMERCIO

Experiencias

Los gastrónomos ayudaron a paliar efectos del terremoto del #16A

Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. Después del terremoto del 16 de abril, varias brigadas de cocineros llegaron hasta las zonas afectadas para brindar su mano en una de las necesidades más urgentes: alimentar a los damnificados. Un año después de esta tragedia quisimos recordar los proyectos que marcaron diferencia.

Entre los primeros problemas encontrados estaban la escasez de agua, luz y alimentos, pero estos equipos se dieron modos para cocinar y servir. Las brigadas rotativas lograron cubrir varias zonas desde Esmeraldas hasta Portoviejo y algunos equipos se quedaron hasta tres meses después del suceso.

Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. EL COMERCIO

Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. EL COMERCIO

El Instituto Superior de Arte Culinario de Guayaquil (ISAC) junto a Chef Express Catering y la Red Académica Gastronómica del Ecuador (AGE) trabajaron en la Escuela del Milenio de Pedernales. Montaron una cocina equipada completamente lo que les permitió dar de comer a cerca de 2 500 personas diarias entre familias damnificadas, bomberos y militares. Santiago Granda, director del (ISAC), menciona que 120 chefs, estudiantes y profesores de gastronomía colaboraron en el proyecto. Además del campamento base trabajaron con cocinas satélite que alimentaban a familias de Pedernales llevando la comida a distintos puntos de la ciudad. Granda señala que el equipo pudo permanecer durante tres meses en los que proporcionaban desayuno, almuerzo y cena.

En la Universidad Técnica Equinoccial (UTE) se recolectó constantemente alimentos y ropa para enviar a las zonas afectadas. El equipo de gastronomía creó la campaña ‘Pan para compartir’, una iniciativa de los profesores y alumnos de la facultad quienes enviaban barras de pan a Esmeraldas. Juan Pablo Holguín, jefe del área de producción gastronómica de la UTE, cuenta que las barras se desarrollaron con expertos panificadores para que tengan larga duración. El pan duraba hasta 12 días, señala Holguín, y se entregaba cada jueves y viernes. El trabajo de elaboración fue extenso y voluntario, pero Holguín comenta que se logró repartir 800 barras de pan a la semana, durante cuatro meses.

El equipo de gastronomía de la UTE creó la campaña ‘Pan para compartir’, una iniciativa de los profesores y alumnos de la facultad quienes enviaban barras de pan a Esmeraldas.  EL COMERCIO

El equipo de gastronomía de la UTE creó la campaña ‘Pan para compartir’, una iniciativa de los profesores y alumnos de la facultad quienes enviaban barras de pan a Esmeraldas. EL COMERCIO

El equipo de gastronomía de la UTE creó la campaña ‘Pan para compartir’, una iniciativa de los profesores y alumnos de la facultad quienes enviaban barras de pan a Esmeraldas.  EL COMERCIO

El equipo de gastronomía de la UTE creó la campaña ‘Pan para compartir’, una iniciativa de los profesores y alumnos de la facultad quienes enviaban barras de pan a Esmeraldas. EL COMERCIO

La Asociación de Chefs del Guayas se instaló en ex aeropuerto Reales Tamarindos de Portoviejo para ayudar en la elaboración de comida. El equipo contó con más de 80 expertos en la zona, miembros de Gastronomía 2.0 y la Escuela de Gastronomía del Pacífico, además de la Asociación. El enfoque principal de este equipo fueron los niños huérfanos, además de los damnificados y voluntarios del sector. Michael Ruiz, quien lideró el equipo, explicó a la Prefectura del Guayas que se prepararon cerca de 3 000 raciones diarias.

La Asociación de Chefs del Ecuador (ACE) fue una de las primeras brigadas que llamó a la acción. Cerca de 60 cocineros partieron en un primer momento para dar apoyo a los damnificados. Mauricio Armendaris, presidente de la ACE, señala que llegar en los primeros cuatro días fue el trabajo más difícil porque las donaciones llegaban pero la gente no podía cocinar el arroz o abrir las latas sin abrelatas. Ellos trabajaron con Cocineros Sin Fronteras para montar las cocinas en la Zona Cero. Después se movilizaron y montaron nueve cocinas comunitarias en Esmeraldas, Portoviejo, Calceta, entre otros lugares. Estuvieron en el lugar durante ocho días. Armendaris señala que su acción fue para paliar el primer impacto del terremoto en la gente. De 400 personas que alimentaron el primer día sirvieron 4 000 comidas en los últimos.

El chef Rodrigo Pacheco, del restaurante Bocavaldivia en el hotel Las Tanusas, incorporó varias actividades para colaborar con los damnificados. El hotel funcionó como centro de acopio e impulsó el proyecto Amor 7.8 una fundación que nació para apoyar a los niños afectados y que se mantiene activa hasta hoy.

Universidades, instituciones, gremios y organizaciones culinarias fueron una de las caras de la solidaridad ecuatoriana en el 2016. EL COMERCIO

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El Colegio Hospitalidad, Arte Culinario y Turismo de la Universidad San Francisco de Quito trabajó en los albergues de Pedernales. Además de preparar almuerzos y cenas para 500 personas al día, colaboraron en temas de sanidad, higiene, manejo de inventarios, bodega y planificación. Asimismo, el Culinary Trainer School recibió donaciones como centro de acopio los primeros meses. En España, el chef ecuatoriano Alex Clavijo organizó dos cenas con sus colegas para recolectar fondos en Barcelona y Madrid y donar a la ONG Desafío Ecuador.

“Se ha comprobado que compartir comida te tranquiliza”, dice el chef Maurico Armendaris y eso fue lo que llevaron estos equipos a los damnificados, un poco de tranquilidad con comida caliente.