La chef Simone Almeida y los aprendices de Cook in Rio. Foto: Cortesía de Cook in Rio.

La chef Simone Almeida y los aprendices de Cook in Rio. Foto: Cortesía de Cook in Rio.

Comer fuera

Los sabores de Río de Janiero danzan en el paladar

Elena Paucar
Redactora (I)

Cuando se habla de Brasil y su comida, la primera palabra que salta de la boca es ‘feijoada’. Pero, ¿se imagina prepararla con sus propias manos, bajo la guía de Simone Almeida, una chef carioca y en el propio Río de Janeiro? Esta experiencia puede vivirla en Cook in Rio.

Es un carnaval de sabores. Una inexplicable sensación para un novato en el culto a la sabrosa y abundante comida brasileña. La sazonada feijoada -de carne seca, chorizo picante y fréjol negro-, se mezcla con la empalagosa farofa -de guineo y harina de mandioca-, unas rodajas de naranja dulce y couve -una tipo de col verde-, cocida en ajo y aceite de oliva.

Cada cucharada es una explosión en el paladar, un bocado de la gastronomía carioca que enciende las papilas. Quienes disfrutan de este menú no son simples comensales extranjeros que pidieron un plato al azar. Son aprendices que prepararon su propia comida bajo la guía de la apasionada chef Simone Almeida, quien en 2007 abrió el restaurante Fogo Carioca.


Video: YouTube. Canal: Cristiano CookInRio.


Todo empezó cuatro horas antes de dar la primera cucharada, al atravesar el portal de ‘Cook in Rio’ en la calle Belfort Roxo, junto a la playa de Copacabana. Las hornillas ya estaban encendidas y las tablas de picar y delantales listos para los visitantes.

Los cuchillos, ollas e ingredientes están a disposición de los principiantes, quienes siguen cada tip de Simone. “En Brasil somos una mezcla de portugueses, indígenas y negros de África. La comida también tiene esa mezcla”, dice la chef detrás del mesón. Aquí, hasta las paredes tienen colores picantes. De ellas guindan deliciosas fotos de frutas exóticas, jugosas y cautivadoras.

Pero no hay que distraerse. Con cautela -para algunos era su primer contacto con un pedazo de carne cruda-, los aprendices empiezan a cocinar. Hay que picar, mover, oler, probar -la mejor parte de todas-. La prueba más dura fue la cebolla, que va en casi todo, en gran cantidad, y que arrancó espesas lágrimas entre los iniciados.


Hay que tomar un respiro y un ‘tira gosto’ -o bocadillo- fue la escapatoria. En esta ocasión son chorizos adobados con cebolla frita -ahora inofensiva gracias a la sartén- y una salsa picante para acelerar a los aprendices. Es un receso para saborear un poquito de Brasil y volver a la acción. Por cierto, ¿recuerda la cachaza? Pues bien, este licor artesanal es un ingrediente tan imprescindible como la sal y otros aliños en esta cocina.

Al menos un chorrito no puede faltar en algún postre, en la olla efervescente de la feijoada, en otros platillos que arden en llamas -los flameados son la especialidad de Simone-, y ni qué se diga de las caipirinhas.

Trozos de limón, maracuyá -o fruta de la pasión, como la conocen por acá-, unos cinco segundos de voltear la botella de cachaza en los vasitos y… ¡a mezclar! Si es abstemio no hay problema; acá nunca falta el agua de coco o la dulzona soda de guaraná.
Las clases de ‘Cook in Rio’ son una buena forma de hacer turismo gastronómico en Brasil.


El taller cuesta unos 180 reales por persona (USD 75) e incluye una receta secreta: la energía inigualable de la chef Simone. Entre carcajadas y el tarareo de una contagiosa canción al ritmo de bossa nova, las horas en su cocina se pasan volando.

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