El lugar es pequeño y básico, pero su cocina es capaz de producir verdaderos platos españoles, propios de una tasca. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

El lugar es pequeño y básico, pero su cocina es capaz de producir verdaderos platos españoles, propios de una tasca. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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La Puerta de Alcalá, una tasca de confianza

Ivonne Guzmán. Editora (O)

Es lógica básica: un sitio ofrece comida de un país determinado en tierra extranjera y suele estar lleno de gente oriunda del país cuya comida ofrece. ¿Conclusión? La comida de ese lugar es seguramente muy auténtica y muy buena. Este bien podría ser un sofisma, pero el razonamiento, en todo caso, aplica para La Puerta de Alcalá.

Los nombres de Chema y Tere, los legendarios exdueños de esta tasca española, son aún muy familiares para la gente de Quito, que en los años 80 pasaba por su local, entonces ubicado en La Mariscal, para despacharse un pulpo o unas orejas a la gallega o una tortilla española. Desde hace un año, aunque Chema sigue “atendiendo en el salón”, el sitio pertenece a otra pareja (él español, ella venezolana): Amador Golding Wilhelm y María Vitos.

De afuera, el sitio bien podría ser confundido con un restaurante de almuerzos ejecutivos por USD 2,50. Pero una vez que se pone un pie adentro -por la música, por los aromas-, es fácil transportarse a una típica tasca española, de esas que están en todos los barrios de las ciudades y pueblos ibéricos y que allá se conocen también como bares: sitios para picar, tomar una cerveza, un trago, un café, o dejarse de rodeos y ordenar de frente una fabada.

Amador Golding Wilhelm y María Vitos son los nuevos dueños del restaurante. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

Amador Golding Wilhelm y María Vitos son los nuevos dueños del restaurante. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

Como el ambiente es relajado, informal, alegremente comunitario, también lo es la carta y la forma en que están pensados los platos: para compartir. Visto así, los precios son convenientes (oscilan entre los USD 10 y 14); y con dos platos -digamos una tortilla y unas Manitas gallegas (de cerdo)-, alcanzan a comer tres personas no muy hambrientas.

Decidirse es difícil, no solo porque cada plato seduce: callos, riñones al jerez, pescado al ajillo o a la plancha, calamares a la romana, albóndigas, patatas bravas, setas, empanadillas, paella... sino porque cuesta mucho leer la carta en la pizarra en la que está escrita (necesita una repasada urgente).

Eso sí, ya ubicados y ordenados los pimientos aliñados (o escalivats, como también se les conoce), su suavidad, luego de haber pasado por el horno y macerado en ajo y aceite de oliva, hace olvidar cualquier imperfección, porque además acompañan de maravilla cualquier otro plato; el mismo efecto surten las manitas gallegas, tan delicadas, carnosas, gelatinosas. Todo acompañado de un chato de la casa (vino servido en vaso corto y rústico).

Y uno se siente en confianza, y se entrega a los mimos de la ¿madre patria? (este sofisma se puede resolver luego, al calor de unas patatas bravas).

Para tomar en cuenta

Qué y quién. Comida española de tasca. Desde hace un año son dueños Amador Golding Wilhelm y María Vitos.

Cuándo. Abre de lunes a lunes, en estos horarios: sábado a martes de 12:00 a 16:00; y de miércoles a viernes de 12:00 a 22:00.

Por qué.  Por el gusto de comer comida española, muy sencilla, en un ambiente relajado y alegre.

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