La Heladería Caribe recibe a sus clientes desde las 7:30 hasta las 19:30.

La Heladería Caribe recibe a sus clientes desde las 7:30 hasta las 19:30. Foto: Paúl Rivas/ Sabores.

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La esquina de los helados cumple 66 años

Ana Veintimilla
Redactora (I)

Entre las calles Bolívar y Venezuela se asienta la Heladería Caribe. Un restaurante de tradición quiteña en dónde el diente goloso de los capitalinos se satisface con helados de paila, las quesadillas y los quimbolitos. Una decoración muy tradicional llena de plantas y recargada con la lista de platillos que se ofertan dan la bienvenida al comensal. La disposición ofrece una sensación de una antigua casa colonial que se ha ido ampliando con el paso de los años.

Un segundo ambiente se encuentra en la planta superior donde Loly Espinoza, propietaria, cuenta que es el encuentro de los enamorados. “Aquí vienen y nos cuentan cómo se declararon a quienes ahora son sus esposas”. El tercer ambiente abrió hace apenas un año y es una extensión que mantiene vitrales pintados con las calles de Quito y la fachada de la misma heladería.

La copa Caribe es uno de los platos insignia. Lleva una ensalada de frutas en la base, dos helados artesanales y crema

Aunque se siente un tanto barroca por la sobrecarga de elementos que decoran, son los mismos elementos que permiten reconocer que el restaurante ha pasado la prueba del tiempo. En mayo del 2016 se cumplen 66 años desde su apertura con una clientela fiel. Pero los consumidores no son solo los locales –cuenta Espinoza- sino que también se llena de clientes extranjeros. “Nos visitan muchos turistas que quieren probar sabores sobretodo de mora y maracuyá” en helados.

La frescura de este dulce es uno de los detalles que permiten atraer a los consumidores, según Espinoza. Su hermano Carlos Francisco es quien prepara la receta que heredaron de sus padres, Luis Moises Espinoza y Esther Báez, los fundadores. Un local que empezó con helados de agua en palito y la venta de plátano congelado se redireccionó hacia los platillos fuertes y los helados de paila, llegando a sobrepasar los límites del restaurante hacia las calles adquiriendo el nombre coloquial de la ‘Esquina de los helados’.

Los mismos consumidores fueron quienes aumentaron en el menú los platos de sal. Ahora el almuerzo del día es uno de los puntos fuertes del restaurante. “Comenzamos con el seco de chivo y les encantó”, dice Espinoza, de ahí siguieron en la lista el churrasco, pollo y carne apanados y pollo con champiñones.

Uno de los primeros platillos de sal que se sirvió en la heladería fue el seco de chivo que mantienen hasta hoy

Uno de los primeros platillos de sal que se sirvió en la heladería fue el seco de chivo que mantienen hasta hoy. Foto: Paúl Rivas/ Sabores

El paso del tiempo les ha hecho considerar a los hermanos Espinoza la sucesión de la posta a una siguiente generación. Por ello, se encuentran elaborando un manual de técnicas de cocción de todos los platillos del restaurante, destacando las direcciones que en su momento Esther les encomendó en cada receta para guiar a los herederos de la tradición.

Los desayunos con café y las tardes con ponche y chocolate se disfrutan en un ambiente familiar que parece detenido en el tiempo, ofreciendo cocina tradicional en el día a día.

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