La panadería abre de martes a sábado; por ahora hay únicamente tres mesas, pero ya está planificada una ampliación. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

La panadería abre de martes a sábado; por ahora hay únicamente tres mesas, pero ya está planificada una ampliación. Foto: María Isabel Valarezo/ EL COMERCIO

CRÓNICAGASTRONÓMICA

Hay Pan: placeres sencillos (y algo lujuriosos)

Ivonne Guzmán. Editora (O)

El pan –su olor, su textura, su crujido– tiene la capacidad de despertar al ser lujurioso que nos habita; tiene algo que hace que uno lo quiera tocar, oler, mordisquear… cuando lo tiene delante. Es una reacción humana, un impulso atávico, y pasa en cualquier panadería, por eso pasa también en Hay Pan, el juguete nuevo de Jérôme Monteillet Durin, el dueño del restaurante Chez Jérôme.

Un quiosco mínimo de madera y metal, que ocupa una de las esquinas de la entrada al restaurante, se ha encargado de revolucionar la vida del barrio. Hay Pan es algo más que una panadería: es punto de encuentro para vecinos y conocidos (de repente todo el mundo quiere salir a comprar el pan); lugar de disfrute estético (contemplar el jardín tan bien cuidado o, del otro lado, el Pichincha en toda su majestuosidad, es un placer); rara avis: un local comercial donde sí se admiten perros (a veces hasta hay un plato con agua para ellos); y un espacio para conversar y bromear con un chef francés (en serio).

Además, hay café gratis. Enormes termos que contienen café Vélez, estilo americano, se van vaciando a medida que los clientes preguntan en la caja si ahí también se vende café. La respuesta es: hay café, claro que se puede tomar, pero no se vende; política de la casa.

Otro dato: las raciones son grandes; como la del quiche lorraine, “de verdad, con panceta (lonja gruesa de tocino)”, dice el chef. Habría que agregar que se deshace en la boca por su ­delicadeza, que sabe muy bien y que puede saciar hasta al más hambriento.

A la variada oferta de panes: pretzel, centeno, matapalo, focaccia, croissant, de chocolate, baguette, etcétera, el local añade una surtida lista de pastas y tartaletas. El milhojas clásico o la tartaleta de fresas con crema de pistacho son cosa seria, lo mismo que el croissant de almendras, obra del panadero suizo que urde todo tipo de tentaciones en la cocina de arriba.

Y aunque más saludable, pero no por eso menos sexi, el matapalo es una de las estrellas de Hay Pan; viene en presentación palanqueta y mini. Hecho con una mezcla de harina regular e integral, su gran atractivo es la cantidad de semillas que lo adornan: sambo, ajonjolí, chía, girasol y linaza. Hay algo de térreo en su sabor.

La experiencia de Hay Pan (que incluye yogur griego, mermeladas de sabores exóticos como ruibarbo y jugos ‘detox’ y otros extraídos al frío) tiene mucho que ver con la conversación: ¿Es para hoy noche o para el desayuno? y ¿cuántas personas son en la casa? son las preguntas frecuentes desde detrás del mostrador y, dependiendo de la respuesta, las fundas de papel se irán llenado de los panes y pastas que más se ajusten a una experiencia sensorial (y algo lujuriosa) satisfactoria en toda regla.

Para tomar en cuenta

Por qué. Por la calidad de la panadería y de las pastas; por el ambiente y por el jardín y también para variar un poco. O por el café gratis.

Cuándo. De martes a domingo, desde las 07:30 hasta las 19:00. El pan caliente sale tres veces: a las 07:30, al mediodía y cerca de las 16:00.

Qué y quién. Variedad de panes y pastas. Jérôme Monteillet Durin, dueño y chef de Chez Jérôme, restaurante que abrió en Quito en el 2005.

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