Jordi Treserras realizó una ponencia en Cancillería. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

Jordi Treserras realizó una ponencia en Cancillería. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Jordi Treserras narra la importancia de la ‘gastrodiplomacia’

Ana Veintimilla. Redactora (I)

Jordi Treserras es el director del Laboratorio de Patrimonio Culinario de la Universitat de Barcelona y consultor para la Unesco. En su más reciente visita al Ecuador preparó una conferencia en Cancillería para promover la gastrodiplomacia, haciendo llegar viarios ejemplos de éxito al público ecuatoriano.

La primera diferencia que hay que marcar, señala Treserras, es entre la diplomacia culinaria y la gastronómica. La primera trata sobre la cocina, el rol de los chefs y una marca país que se impregna en estos elementos, mientras que la diplomacia gastronómica se muestra desde el producto, los paisajes productivos y los espacios de la cadena productiva, además de la cocina.

Entre los asistentes se armó una pequeña conversación al final del evento en donde persiste la pregunta de qué es lo que tiene que hacer el Ecuador para exportar su gastronomía. Treserras señala que existen acciones constantes y variadas en el país pero que hacen falta vincularlos a través de un plan transversal en que la gastronomía y todos sus alicientes sean el enfoque principal. Para ello señala que es importante unificar en el plan las acciones que corresponden a cada agente desde ministerios de cultura y patrimonio, ministerios de relaciones exteriores, asociaciones de chefs, de restaurantes, fundaciones y demás.

Treserras explica que en estos procesos son importantes la creación de políticas que den soporte a los planes creados, pero también el acercamiento con entes como las agencias y operadores quienes de cara a los turistas ofrezcan un catálogo de experiencias que se vivan en Ecuador.

Treserras mencionó casos importantes como los de Perú, Tailandia y Colombia, que a través de distintas estrategias han logrado que sus cocinas sean reconocidas a escala internacional, generando espacios diferenciados de turismo y gastronomía.

La Gastrodiplomacia se puede reconocer como una diplomacia suave para promover un país como destino, cultura y más. El término fue adoptado por Tailandia, aunque lleva más de 500 años en acción. El Global Thai Program tenía como objetivo aumentar y reconocer los restaurantes que promueven la cocina tailandesa en el extranjero.

Distanciándose de preparaciones asiáticas y sobre todo de la popular cocina china, la comida adoptó en el nombre de ‘thai’ y en 10 años se duplicaron los restaurantes.En Perú, señala el experto, la estrategia se inició con la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú), en donde la gastronomía entró como eje de desarrollo para el país en base al producto y turismo gastronómico. El país vecino también se convirtió en el Centro Global de la Diplomacia Gastronómica.

Treserras explica que este tipo de involucramiento por parte de los países permite que su nombre se mantenga en diferentes esferas. “Es importante liderar redes y movimientos, no solo participar”. En Perú, pequeñas acciones como enviar una carta desde la presidencia a los chefs residentes en el extranjero logró vincular a nuevos actores. A través de esta carta se invitaba a los cocineros a ser embajadores de la gastronomía peruana, así como a sentirse libres de utilizar la ‘marca Perú’ en sus establecimientos.
En EE.UU., la Americans Chefs Corps formó una alianza de cocineros estadounidenses y chefs que trabajan las cocinas de la inmigración. Con esto, señala Teserras, involucraron como ‘american cuisine’ a diferentes identidades que forman parte del territorio.

La Cancillería colombiana aprovechó el mosaico de identidades culinarias que posee, así como las influencias que han tenido. Campañas diplomáticas en el extranjero influyen en su plan nacional gastronómico. Treserras cuenta que se aprovechó el mosaico de culturas que habitan en el país. Un ejemplo que mencionó fue la promoción de la cocina costeña con influencias libanesas. Las embajadas en esta zona realizaron cenas con platillos costeños que resaltaban ingredientes de la influencia árabe. Así mismo se han creado rutas culinarias y literarias como los espacios para recorrer y degustar los platillos que se nombran en los libros de Gabriel García Márquez.

La gastrodiplomacia es un concepto reciente pero toda persona se convierte en un embajador de su cocina a donde quiera que vaya. El Ecuador ahora enfrenta el reto de fortalecer a todos los entes que trabajan distanciados en pro de la gastronomía, para mostrar un frente unido, pero con variedad de ofertas hacia el exterior.