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Los 15 toros de lidia que estaban destinados para la suspendida feria taurina de Quito 2012 ya no saldrán de la hacienda Huagrahuasi. Esta propiedad, dedicada a la crianza de este tipo de ganado, está situada a 22 kilómetros de Ambato, en el centro del país.

El lugar tiene 920 hectáreas para su fin. Está en medio de los pastizales y sembríos de los páramos andinos, a 3 200 metros sobre el nivel del mar.

Ahí se levanta una casona de construcción mixta. La fachada principal tiene como decoración cabezas de toro disecadas y herraduras. En la sala se colocaron decenas de trofeos. Están elaborados en bronce, madera, cerámica y vidrio, que la hacienda Huagrahuasi obtuvo por su participación en las ferias taurinas nacionales e internacionales.

La casa está rodeada de galpones y corrales. En su interior hay pasadizos construidos de gruesa madera y hormigón. También una balanza en la que se pesa a los toros de lidia antes de que sean movilizados a los ruedos.

Un toro de lidia debe tener cuatro años y un peso promedio de 460 kilogramos de peso.

En la cría de toros bravos no hay secretos, afirma José Luis Cobo, propietario. “Si no tiene un becerro bueno no tendrá un buen toro. El proceso empieza desde que se hace la inseminación y la selección de las futuras madres”.

Según el administrador de Huagrahuasi, Esteban Guerra, “a los toros de lidia se les cría casi en algodón. Se cuidan incluso los mínimos detalles de su alimentación, vacunación, pelaje, entre otros tipo de cuidados.

Información extraoficial da cuenta que Huagrahuasi tenía planificado participar con 15 ejemplares. Seis para la Feria del 1 de diciembre, igual cantidad para el día 4, y 3 ejemplares para una programación de carácter benéfico. El acuerdo para la entrega de los semovientes se planificó desde marzo pasado.

La suspensión de la Feria de Quito tomó por sorpresa a los aficionados y detractores. El ex torero riobambeño Mariano Cruz Arellano se sitió impotente ante esa decisión. Recordó que la Feria tiene más de 100 años. “El presidente Eloy Alfaro participó en las ferias taurinas que se organizaban en Pastocalle”.

La decisión de no realizar la feria tiene apoyo. Édison Baldeón, activista y defensor de los animales, opina que ya era hora de que se tomara una decisión de estas, “porque no es posible que la gente pague dinero para observar una absurda tradición”.

Para el empresario Jorge Luis Erazo lo que se ha ganado con esa decisión, de que no se mate a los toros, es afectar no solo a los aficionados sino también a hostelerías, restaurantes y a los pequeños comerciantes informales que dinamizan la economía alrededor de las ferias taurinas.

Luis Carrillo, ex presidente del Centro Agrícola de Latacunga, comenta que la suspensión de la Feria en Quito ayudará a promocionar los toros en ciudades aledañas. La plaza San Isidro acogería a un mejor cartel y a los aficionados de Quito, aunque aún no se anuncia un plan.

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