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Desde el parque La Alameda se divisa la cúpula del que se considera el primer templo de Quito. A un costado de la laguna del parque, El Belén se levanta en medio del ir y venir de los capitalinos que, presurosos, pasan por la capilla del Señor de los Remedios.

En el lugar -que durante nueve meses fue restaurado por el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP)- al menos tres generaciones de quiteños recuerdan haber sido bautizados, hecho la primera comunión y desposados. Cada sacramento, bajo la venia de las imágenes de la Virgen de El Tránsito, los 14 cuadros del vía crucis y de la patrona del templo, Santa Prisca.

Emilio Raza es el párroco de la iglesia que, según datos del IMP, fue construida en 1546. El sacerdote lleva 15 años al frente del templo y está convencido de que este tiene un gran valor, además de arquitectónico, para la fe de la comunidad.

En el sector, hay alrededor de 12 000 personas (entre moradores, comerciantes y trabajadores). Muchos de ellos no pierden la oportunidad para visitar la iglesia. Al mismo tiempo, Raza señala una esquina de la casa parroquial, donde se conservan segmentos de murales antiguos.

El sacerdote diocesano cuenta que cada martes, durante las cinco misas que celebra, la iglesia se repleta. La capacidad es para 120 personas sentadas, pero se supera con la presencia de aquellos que llegan a pedir salud, trabajo y prosperidad. Ni se diga el martes de Carnaval, cuando se celebran las fiestas de la parroquia.

El Belén es definido como el primer humilladero colonial y donde se celebró la primera misa de fundación de la ciudad. En el sitio, se encontraba la ermita Vera Cruz. Aunque, a decir de Juan Paz y Miño, cronista de Quito, el dato es discutible. Pero no se puede desconocer la tradición entorno a la estructura patrimonial.

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Restauración de la iglesia El Belén

La iglesia El Belén, considerada la primera iglesia de Quito, fue restaurada.

En el archivo de la capital, se detalla que de 1610 a 1612, por la devoción de los vecinos de Quito a la Santa Cruz piden licencia al Cabildo para levantar un calvario, donde se celebraban misas campales. Para 1618, surge una Hermandad de Mercaderes y tratan de revivir la tradición. Más adelante, se integran los padres Agustinos con la propuesta de fundar el Convento de los Agustinos Descalzos. El pedido fue negado por la Real Audiencia de Quito.

En 1640, la Orden Mercedaria también trato de fundar una casa de recogimiento, con el nombre de Santa Cruz de Belén. Allí es cuando recibe el apellido de "Belén". Igualmente los mercedarios fracasan en su intento y la ermita termina siendo abandonada.

En 1694, el obispo de Quito, Sancho de Andrade, mediante una orden manda a derrocar la ermita abandonada y encarga la reconstrucción a la Cofradía de Guápulo, esta reconstrucción duro hasta 1787. Sin embargo, el presidente de la Real Audiencia, Villalengua, ordena una nueva restauración de la edificación, la cual se mantiene hasta la actualidad.

Durante la restauración del predio (uno de los cerca de 6 000 bienes patrimoniales del Distrito), se pudo observar las estructuras de carrizo, 'chaguarqueros', la cubierta de teja y los muros de adobe, explica el arquitecto Vinicio Salgado, coordinador del proyecto. La estructura es propia de la época. "La intención es que sea un templo vivo, no un museo".

En el retablo de la iglesia, el pan de oro ennegrecido es una muestra del paso tiempo. Manuel Martínez, morador de La Tola, es uno de los tantos fieles que han escrito parte de su historia en ese sitio. Hace 50 años, se casó con Martha Bermúdez. Ambos crecieron en el Centro Histórico y, cada martes, acuden a la eucaristía. Tomados de la mano, los dos jubilados fueron a presenciar los arreglos del templo.

Mientras recorre la casa parroquial, también restaurada y con las paredes con un blanco profundo, Bermúdez, de 76 años, recuerda que estudiaba en el Colegio Gran Colombia. En aquellos años, el plantel quedaba en el sector, cuenta. "Con mis cuatro hermanas veníamos a rezar para que nos fuera bien en los exámenes".

El propio párroco tiene su historia en El Belén. Hace cinco años, fue operado del corazón, estuvo a punto de morir en el quirófano. Su familia acudió a rezar al Señor de los Remedios y "aquí estoy".

Sin embargo, pese a la tradición de la iglesia, esta no se libró de los dueños de lo ajeno. Hace 15 años, narra el sacerdote, al recorrer la plaza de la iglesia, se sustrajeron las imágenes de San José y de la Virgen de Quito. Hasta la actualidad, las advocaciones (imágenes religiosas) no han sido recuperadas.

Otras intervenciones Pero el templo de la calle Sodiro no es el único en tener nueva cara y recuperar su belleza. Este año, el Municipio de Quito aprobó un presupuesto de USD 10 millones para la intervención de iglesias y conventos de la ciudad.

En la restauración se invirtieron USD 200 000. Los elementos intervenidos fueron la nave central, la sacristía, el bautisterio, el despacho parroquial.

Ana María Armijos, directora del IMP, señala que se trabaja en 10 iglesias: El Carmen Alto y Bajo, San Agustín, La Concepción, Santa Clara, en Alangasí, Tumbaco, entre otras. "A la hora de rehabilitar las edificaciones nos basamos en lo que significa para la gente actualmente y el uso que se le está dando. En el caso de El Belén, la ciudadanía solicitó la restauración".

La intervención para el santuario, en cuyas instalaciones funciona el Teatro del Grupo Malayerba, no terminó. Jorge Albán, alcalde (e), durante la entrega de las obras, se comprometió a impulsar la restauración del retablo.

En la estructura, una imagen del Calvario se impone y es el eje central de la edificación, donde diariamente llegar personas desde Calderón, Chillogallo y desde otros puntos de la ciudad.

Otro proyecto que genera expectativas, y que está relacionado con la restauración y uso del suelo, es el que desarrollará el Gobierno Nacional en el Centro Histórico. Son, inicialmente, dos planes que son parte de la llamada revitalización de esta zona: la construcción de dos plazas en los predios que ocuparon la Dirección Provincial de Salud y el Registro Civil.

La restauración

En la intervención de la iglesia de El Belén, ubicada en la calle Sodiro, trabajaron 30 obreros y cinco técnicos.

Según el IMP, la restauración forma parte del conjunto de obras ejecutadas por los 35 años de la declaratoria de Quito como Patrimonio de la Humanidad.

Se colocaron vigas, se implementó un nuevo sistema de impermeabilización, enlucido del cielo raso, arreglo del sistema de alcantarillado. A la par, se saneó la humedad en el muro contiguo al Colegio Espejo, etc. Los trabajos se hicieron en un área de 900 metros cuadrados.

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