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Redacción Quito

Las escombreras ilegales de tierra, hierba podada y cascajo, no sólo se encuentran cerca de las avenidas de la periferia o en las quebradas de Quito. También están improvisadas en sitios transitados por peatones, como la calle Pedro de la Mata, en Carcelén, al norte.

Rodrigo Ramos está obligado a caminar por esa calle para llegar a la fábrica donde trabaja. De lunes a viernes circula  sorteando  fundas de basura doméstica, ramas de árboles y costales con desechos de construcción.  

“Frecuento este sector desde hace seis años y cada día hay más basura. Parece que la arrojan por las noches”.
Juan Diego Idrovo, jefe de escombreras de Emaseo, asegura que para evitar más irregularidades está listo un estudio de factibilidad para la apertura de nuevas escombreras en 11 quebradas.

Por ahora, los únicos sitios autorizados para acopiar los escombros son las quebradas de La Bota, al norte, y Cuscungo (Monjas), al centro-sur. Sin embargo, desde hace más de un mes, Cuscungo cerró temporalmente, desde que las lluvias de invierno   taponaron  un colector cercano.

En las próximas 11 escombreras  se  realizan trabajos de adecuación y protección de la red de alcantarillado, sostiene Idrovo. “La primera se abrirá a finales de este mes en Calderón”. Luego se habilitará otra escombrera en el sur.

Santiago Velasco, administrador zonal de La Delicia, dice que  la  ciudadanía puede anotar las placas de los vehículos que arrojan escombros en sitios no autorizados e informar a los comisarios para   frenar el problema y multar.

No obstante, estas medidas, según Idrovo, serán inútiles mientras los choferes y constructores no cambien los  hábitos de manejo de desechos, “que se basan en la lógica de abaratar costos”.

Hugo Damián,  dueño de un volquete, reconoce que el cierre de Cuscungo y la falta de más escombreras en  Quito  motivan al aumento de centros de acopio ilegales. “El servicio se encarece y la gente no quiere pagar”.

Por el traslado de ocho metros cúbicos de escombros desde la    av. Eloy Alfaro y 6 de Diciembre (norte) hasta La Bota, Damián cobra 12 dólares. Pero la misma cantidad de material llevada desde Guamaní (sur) hasta el mismo sitio cuesta 25. “Los usuarios prefieren pagar camionetas  para que arrojen los desechos en un lugar cercano a la construcción por  precios  cómodos”.

Punto de vista

Francisco de la Torre
Especialista en residuos sólidos
‘La regulación es la mejor  solución’

Para evitar que proliferen las escombreras ilegales en Quito se debe pensar en la ubicación de escombros antes de iniciar una construcción, una ampliación o una remodelación de un inmueble.

Cuando se trata de obras pequeñas, casi nadie piensa en almacenar  los escombros en un galpón o en el patio de una casa. Por lo general, estos materiales se ubican en las veredas o en las calles cercanas a la obra. Ahora existen sanciones para quienes ensucian la vía, pero la experiencia nos dice que eso no es suficiente.

Se requiere de una regulación más completa, que oriente el trabajo de remoción de escombros desde su traslado hasta su tratamiento final en los sitios autorizados. Para lograr ese objetivo, es necesario que el Cabildo organice un registro de los choferes y volquetes que prestan este servicio.

Y que comprometa a los constructores desde el momento en que autoriza el permiso de construcción.  Sólo entonces se  evitará que la ciudad siga llenándose de escombros.

Un costo por el servicio

Para acceder  a la escombrera de La Bota los choferes de volquetes cancelan un rubro. Las camionetas que llevan de uno a tres metros cúbicos de material pagan  un dólar. Los camiones que llevan cuatro metros cúbicos pagan  1,10, los que trasladan ocho metros cúbicos  1,40. Por 12 metros cúbicos se cancelan  2,10 dólares.

Además de dañar el ornato de la ciudad, los escombros que se arrojan en las quebradas pueden causar daños nocivos a las obras de alcantarillado. Un efecto   frecuente  es la inundación  por daños en los colectores.
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