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El nombre de la condecoración que recibió el poeta Francisco Granizo al mérito literario fue  una coincidencia que lo llenó de gusto.

“Envié mi libro ‘Nada más el verbo’ a Espinosa Pólit. Él me escribió una carta. Acogió con entusiasmo esa producción mía y  citó  a un escritor francés:  ‘los frutos excederán las promesas de las flores’, cuenta  muy orgulloso.
  
Granizo nació en 1925 en la calle Bolívar, número 43 de San Roque,  “el “barrio más quiteño de todos”. Su inclinación literaria tuvo mucho que ver con la formación familiar.

“Mi padre escribió poemas que se publicaron en los diarios de la época. Mi familia entera se caracterizó por un amor permanente a la poesía y a la música”, dice.

Sin embargo, no todo en su vida fue la literatura. Con sólo 18 años,  Granizo ingresó al servicio exterior donde llegó a ser Ministro Consejero y Jefe de la Misión Diplomática en Venezuela. “Renuncié en 1963 porque me opuse a la traición de la dictadura militar que entregó  los derechos del mar territorial a la voracidad de las pesqueras estadounidenses”, relata,   mientras se le enciende la mirada.
 
A pesar de que la Asamblea Constituyente de 1967 le pidió que se reincorpore al servicio exterior, él rechazó la propuesta. “Ya no era un tema de interés, sostiene.

Esta misma actitud, sin concesiones, ha sido la que lo ha acompañado siempre. Sin dejar de escribir poesía,  en los años 80 se dedicó al periodismo. “Colaboré con cientos de artículos en los Diarios Expreso y La Hora. Los dejé por un desacuerdo en la política editorial”, cuenta.
 
Su producción literaria es vasta: libros de poesía, ensayos y teatro. “En todas mis obras me veo reflejado”, dice. Y cuenta que está empeñado en editar un libro con su producción periodística. 
 
Granizo no es un hombre sedentario para nada. A pesar de lo mucho que disfruta de la lectura, le gusta caminar, nadar y hacer ejercicios aeróbicos.  “Cuando era joven incluso hacía pesas”, comenta.

Tal vez como una herencia de su época en el servicio diplomático, también disfruta de un buen viaje. “Salgo, a los sitios que todavía son transitables  en la Costa, Sierra o en el Oriente”,

Granizo se siente  realizado. “Confieso que he vivido, dice, parafraseando al poeta chileno  Pablo Neruda.  “La vida es un don aunque tenga momentos trágicos. Yo lo único que puedo hacer es agradecerle, como la canción de Violeta Parra”, dice. Y una leve  sonrisa se dibuja en su rostro.   
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