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Enrique Ayala Mora, Historiador, ex diputado socialista

Si buscamos a quien podría representar a la mujer más destacada del siglo XX y lo que va del XXI cometeríamos un error si lo hacemos desde la política. La razón: la política ha sido una actividad más bien marginal de las mujeres ecuatorianas, de la cual han sido excluidas en algunos casos y autoexcluidas en otros.

Si buscamos qué mujer se destaca más en la sociedad ecuatoriana habría que precisar cuál es la actividad en que las mujeres han tenido presencia e influjo en la cultura y la sociedad. En ese sentido a mí no me cabe la menor duda que es el magisterio donde las mujeres han podido dar su mayor aporte.

La figura de la maestra rural que se juega en una escuelita marginal, unidocente, en pueblo perdido, o las mujeres de colegios de bachillerato de las ciudades son las que deberían ser acogidas como el paradigma.

Y si tenemos que mencionar un nombre, la que merece esa distinción es María Angélica Idrobo. Ella era maestra normalista, nació en San Pablo (Otavalo) y llegó al sito más elevado que un maestro podía hacerlo en ese momento: rectora del Colegio Normal Manuela Cañizares. Desde allí formó a muchas generaciones. Ella representa lo que en mi criterio ha sido el aporte de la mujer en este país: la cátedra y dentro de ella la enseñanza de Cívica.

Idrobo fue maestra casi medio siglo y una mujer respetada por todos los gobiernos, que la mantuvieron como persona de consulta. Tuvo una enorme autoridad en el Ecuador y gran defensora del carácter laico del Estado y la educación. Pese a ello, jamás se enfrentó a la Iglesia Católica ni a los creyentes.

La época de la mayor influencia de María Angélica Idrobo en la vida nacional está entre los años 30 y 60.

Yo creo que las mujeres no se han destacado en la política sino en la educación. Y me parece que más influye una maestra con su cátedra que una diputada desde la política.

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