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No puede negarse que han sido de admirable claridad las declaraciones difundidas este fin de semana por el general Oswaldo Jarrín. Él es un distinguido oficial de las Fuerzas Armadas, inclusive a su momento fue Jefe del Comando Conjunto, también Ministro de Defensa y a propósito de varios documentos que cursan en la dichosa Asamblea, respondió a un cuestionario planteado por Geovanny Tipanluisa, editor de la correspondiente sección de este matutino.

Pero no hay que confundirse: la entrevista fue muy singular no solo por la inherente delicadeza de los temas planteados, sino también por la notable franqueza con que se los abordó.

Desde el inicio, se enunció un asunto de fondo, sobre el que convendrá una objetiva reflexión de la ciudadanía. En efecto, cuando Tipanluisa preguntó si no estaba bien que las Fuerzas Armadas refuercen la seguridad, Jarrín contestó: "La responsabilidad fundamental de los militares es la defensa nacional. No quiere decir que no cooperen en temas de seguridad. Las Fuerzas Armadas están realizando seguridad interna, las fronteras son seguridad interna". Pero puntualizó enseguida: "No se les puede asignar -como dice el Plan de seguridad integral- la prevención, el control del delito y del orden público, esas son tareas esencialmente policiales. Las Fuerzas Armadas no tienen facultad legal para actuar -en este momento operan sobre la orden emitida por un juez-. Por eso el Ejecutivo envía los proyectos de ley a los que se hace referencia. La reforma a la ley de seguridad pública del Estado se la remite porque no es suficiente la resolución de un juez. El enviar esa reforma a la Asamblea es para que las Fuerzas Armadas tengan un respaldo jurídico, legal para cumplir tareas policiales".

Como el editor manifestara sorpresa de esta última expresión, Jarrín aclaró el pensamiento: "Lo que ocurre es que se está distorsionando la naturaleza militar y se está dando más oportunidad de que los militares participen de la administración interna del Gobierno, una participación política y una mayor participación dentro de la administración gubernamental. A título de cooperar con la Policía, se comienza a sustituir a las instituciones".

El general citó varios ejemplos específicos de la Administración y dijo que sugieren una conducción errática, una orientación que no tiene coherencia definida con una política de defensa, lo que sugeriría también que el Presidente no ha recibido un adecuado asesoramiento ni en temas de seguridad, ni en los de defensa.

A más de otros asuntos, en lo que Jarrín puso definitivamente el mayor énfasis, fue en este: "Cualquier insinuación que pretenda enfrentar oficiales con tropa, atenta a la jerarquía, a la unidad de mando, a la disciplina. Eso es peligrosísimo. Los oficiales y la tropa como cualquier organismo civil o de cualquier otro orden tienen categorías. Si existiere un abuso o un desmán tendría que ser corregido inmediatamente, pero jamás enfrentar a los oficiales con la tropa".

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