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Los franceses Adeline Belot y Aurélien Bargeav elaboran collares de tagua. Despacio cruzan un hilo de nailon por los mullos multicolores.

Susana Chiza, Luz María Cachimuel y Susana Fueres, tres de las seis integrantes del proyecto de bisutería en tagua Paccha de la comunidad indígena de La Calera, en Cotacachi, guían la práctica que comparten con los turistas.

“La mayoría de visitantes colabora con nosotros. Al final les obsequiamos el producto que deseen y que haya sido fabricado por ellos”, señala Chiza.

Como esta comunidad, dedicada a la agricultura y al turismo comunitario, otras más han incluido a la producción de artesanías en los paquetes turísticos que venden a los visitantes.

“De alguna manera ayudamos a la comuna”, dice Belot. Sus ojos verdes contrastan con la pulsera y aretes rojos de tagua que luce. También explica que con este trabajo las mujeres de La Calera apoyan a sus hogares.

Los collares, aretes y pulseras finalmente van a Francia. Se comercializan bajo la marca Nodova con la ayuda de una europea.

En el museo Otavalango, la estadounidense Jessie Hanz, sentada en el piso, elabora una faja de lana en un telar de “callua” o cintura.

Estirando las piernas y con la ayuda de un cinturón que cruza su espalda templa las fibras multicolores, mientras sus manos entretejen las lanas. Un grupo de turistas observa el trabajo.

“La mejor manera de aprender algo es haciéndolo”, comenta esta estudiante de Antropología, que llegó para investigar sobre la cultura indígena de Otavalo.

“De esta manera se tejía la lana de alpaca en América antes de la llegada de los españoles”, explica René Zambrano, funcionario del museo, a los visitantes.

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Turismo alternativo en Imbabura

Artesanos de las comunidades indígenas de Imbabura ofrecen una novedosa alternativa turística. Enseñan a los turistas a diseñar sus propias artesanías. 




Jessie Hanz cede el puesto a la española Diana Ruiz. Luego de varios minutos la viajera comenta que este telar aparentemente sencillo demanda mucha fuerza de las piernas y la cintura.

La mayoría de turistas se sorprende al ver que en Otavalango se permite interactuar con los objetos y los artesanos. “En otros museos todo es intocable. No hay ni siquiera como tomar fotos”, comenta uno de los visitantes.

La empresa Totora Sisa, que fabrica muebles, tapetes y adornos, con fibras de totora también recibe turistas. En el taller, ubicado en la comunidad de San Rafael de la Laguna, la alemana Isabelle Tyrasa aprende a tejer las fibras doradas que nace en el lago San Pablo.

El artesano Antonio Aguilar la guía. Explica a la viajera que tiene que remojar la totora antes de trabajarla. Luego con sus manos grandes y ásperas acomoda las totoras en el piso y comienza a cruzarlas. Tyrasa le toma la posta.

Con sus manos suaves y blancas golpea las fibras con una piedra del tamaño de una naranja. “Se golpea para fijar las formas”, asegura Antonio Aguilar.

Susana Gonza, gerente de Totora Sisa, dice que sus principales clientes son universitarios nacionales y extranjeros. “Entre junio y febrero, por ejemplo, llegan los alumnos de la Politécnica del Ejército. También turistas a través de operadoras”.

Gonza calcula que al año llegan 600 visitantes nacionales y 200 extranjeros en promedio a Totora Sisa. Por USD 2,50 los turistas visitan los totorales, participan en el corte de la totora y tejen sus propios petates de 60 por 60 cm2 Otros fabrican llaveros en forma de llamas, carameleras...

Según Patricia Morales, presidenta de la operadora Enlace Travel, el éxito del turismo es innovar y sorprender a los visitantes. Dice que el proyecto de incluir a los visitantes en la vida cotidiana de las comunidades se inició en el 2000 y que ahora se ha ampliado a la producción de artesanías.

Artesanía variada

Los artesanos de San Rafael de la Laguna producen  desde llaveros de USD 1 hasta juegos de sala de USD  1 500.   

La ruta de la  totora es un proyecto que se está elaborando. Busca sumar a  10 comunidades, asentadas en  torno al lago San Pablo, a la actividad  turística.
    
En la comunidad  afro de Mascarilla, cantón Mira (Carchi), los turistas también aprenden a elaborar máscaras de cerámica.

La entrada  al  museo  Otavalango, ubicado en la ex fábrica San Pedro, en Otavalo,   cuesta USD 2 para turistas nacionales y 5 para extranjeros.    

En Imbabura  se elabora variedad de artesanías en  madera, textiles, cueros...

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