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Una familia promedio del área rural de Honduras vive con USD 60, cuando la canasta básica familiar cuesta USD 240. El desempleo, la falta de espacio para cultivos, inundaciones y fuertes sequías agravan las condiciones de vida.

Este escenario motivó a la FAO a aplicar técnicas para hacer un cultivo eficiente en los hogares, a través del programa ‘Alimentar para el futuro’, que en Guatemala se aplica desde el 2010 y en Honduras desde hace 8 meses.

La FAO mostró el plan a periodistas de Ecuador, Brasil, Venezuela, Honduras y Guatemala.

“Buscamos técnicas agrícolas que puedan ser adoptadas por las familias para mejorar la calidad de su alimentación”, explica Milton Flores, técnico de la FAO. Añade que la dieta hondureña se basa en tortillas de maíz y fréjol.

En el barrio Nueva Zullapa, en Tegucigalpa, las calles son de tierra, el viento levanta remolinos de polvo y basura. En los jardines de las casas se percibe el aroma a culantro fresco. Hay dos filas de botellas colgadas en las cuales se ven hojas de cebolla y perejil. Y en el suelo reposan neumáticos llenos de tierra de los cuales, Erika Zulema, dueña del jardín, extrae un rábano listo para comer.

Ella explica que aprendió que las botellas pueden ser reusadas para sembrar plantas pequeñas. “Conservamos las botellas con las tapas porque así se controla la cantidad de agua que queremos que caiga a las plantas que están en la segunda fila. Así ahorramos agua y espacio”.

Una situación similar pasan las familias indígenas en el vecino país de Guatemala. En el área rural las familias viven con USD 28 mensuales. Allí hay un centro de capacitación al que acuden representantes de diferentes comunidades para luego transmitir ese conocimiento a los demás miembros. La capacitación se enfoca en la producción orgánica de vegetales. “Utilizamos repelentes naturales como el borecole (una variedad de col), ruda o manzanilla que atraen a la mosca blanca y evitamos que ataque a los cultivos de cebolla y brócoli”, dice el instructor.

Mientras señala las plantas de perejil y sábila agrega que las usan para nutrir la tierra. También les enseña a elaborar abono orgánico. “La basura no existe, nosotros la creamos. Al producir su abono, ahorran USD 2”.

Los suelos dañados son otros de los problemas que enfrentan los agricultores. “Arar la tierra constantemente la ha hecho infértil y también se contamina el ambiente”, dice Noé Estrada, propietario de una hectárea.

Estas malas prácticas destruyen la capa de ozono, pues al remover el suelo, se emite carbono. Además, si no se remueve bien la tierra se forma una capa dura en la superficie y eso dificulta la aireación y circulación del agua.

Adicionalmente, se acostumbraba a quemar el suelo antes de una nueva siembra. “Con esa práctica se perdían nutrientes para el suelo. Si se labra una vez al año, el suelo se va abonando por sí mismo y se reduce el uso de químicos”, señala Noé. Eso implica un ahorro de USD 11.

Una forma de sembrar

Para cultivar zanahorias se usan camas de tierra. Son cúmulos de tierra de 30 centímetros de alto. Una vez sembradas las semillas, se coloca un plástico negro sobre las camas para acelerar la germinación.

A los 130 días, las zanahorias están listas para cosecharlas.

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