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Los choferes profesionales van al pizarrón desde hoy. La Agencia Nacional de Tránsito (ANT) inicia el proceso de evaluación de 22 400 conductores, principalmente de transporte interprovincial, intercantonal y escolar.

Aneta es la empresa encargada de hacer las pruebas psicosométricas, físicas y teóricas, que se extenderán hasta diciembre. Estas medidas buscan frenar los accidentes de tránsito, considerado el tercer mal que más afecta a la salud pública del país, luego de la diabetes y el cáncer.

La evaluación medirá el conocimiento y la capacidad de los conductores. Ante ello, este Diario decidió indagar la formación de los choferes profesionales en el país. Según la ANT, en el país hay 104 centros autorizados para formar a los choferes. De ellos, solo 10 son institutos tecnológicos o universidades, como la San Francisco en Quito, la Politécnica del Litoral en Guayaquil o la U. de Chimborazo en Riobamba.

El resto de centros son las escuelas de capacitación formadas en los sindicatos de choferes de cada provincia. Sin embargo, estas no han estado alejadas de la polémica: la Justicia aún investiga la venta de 336 licencias en Santo Domingo, en el período 2001-2003, y de otras 310 emitidas por el sindicato de Huaquillas.

Guillermo Abad, de Justicia Vial, veeduría que presentó las denuncias junto con Covial, recuerda los casos. Él dice que en ambos, se intentó conceder licencias a supuestos estudiantes del período (2001-2003), pese a que en ese lapso, las escuelas de conducción se cerraron por resolución del ex Consejo Nacional de Transporte.

El Consejo cerró las escuelas de conducción entre el 2003 y el 2008, tras detectar anomalías en la emisión de licencias profesionales. “La lista de brevetados (personas aprobadas para recibir su licencia) crecía durante la realización del curso: se inscribían 100 personas, pero se graduaban 600”, recuerda Abad.

En el 2008, con la vigencia de la Ley de Tránsito, se establecieron nuevas reglas. Además de las escuelas de los sindicatos de choferes, se abrió la posibilidad de que institutos superiores o universidades también se sumen a la capacitación. A los sindicatos se les pidió mejorar las instalaciones.

El pasado miércoles, en el Sindicato de Choferes de Quito, 600 estudiantes recibían clases en el amplio edificio, ubicado en las calles Inglaterra y Vancouver.

En una de las oficinas, ubicada junto al patio central, Fabricio Vivanco, secretario general, decía sin tapujos que la historia de la capacitación para los choferes “cambió desde el 13 de abril del 2008”. “Desde entonces, hay una mejor capacitación a los nuevos choferes, con más teoría y muchas horas de práctica”.

Las clases en el Sindicato pichinchano empezaron en abril. Se estima que en septiembre habrá una nueva camada de profesionales, con capacidad de acceder a una licencia profesional C, que los habilita para manejar taxis, vehículos oficiales...

La ANT fijó una malla de materias que deben ser impartidas en los centros de enseñanza. Los futuros choferes reciben clases de conducción vehicular, práctica vehicular, geografía urbana, inglés básico...

Wilson Solórzano es uno de los alumnos del Centro. Es enfermero del Hospital Eugenio Espejo, pero dice que siendo chofer puede ganar más plata. Él está satisfecho con las enseñanzas de su centro de estudios. “Combina bien lo teórico y lo práctico”.

Su optimismo no es compartido por el veedor Víctor Jiménez, de Covial. Para él, la capacitación sigue siendo insuficiente y olvida un tema esencial: la concienciación del conductor. “Las mallas curriculares no han hecho énfasis en la responsabilidad del chofer al transportar personas o bienes. No se entregan herramientas para una conducción civilizada”.

En Sto. Domingo intentan olvidarse de los escándalos

José Verdezoto rindió las pruebas para ingresar a la Escuela de Capacitación del Sindicato de Sto. Domingo. El centro tiene 14 automóviles para la formación de 741 estudiantes inscritos, cuando lo recomendable es que haya un auto por cada 30 estudiantes. El costo del curso es de USD 958.

Verdezoto confesó que tenía reparos de ingresar a dicho centro, debido a los problemas en la emisión de licencias. “Antes de inscribirme fui a la Agencia Provincial de Tránsito y ahí me confirmaron que esta es la única escuela autorizada para aprender”.

El presidente del gremio en tierra tsáchila, José Villavicencio, dice que el Sindicato intenta olvidar los hechos ocurridos en el pasado con la tramitación irregular de licencias. “Se realizó una auditoría interna, se siguieron procesos penales para los ex funcionarios (el ex secretario Kléver V., fue implicado) y se eligió una nueva directiva. Como Sindicato devolvimos el dinero de licencias y cursos que entró por ventanilla, fueron alrededor de USD 10 000”.

La situación de los choferes en Guayaquil y en Cuenca

La Escuela de Formación y Capacitación de Conductores Profesionales de Guayaquil tiene 719 alumnos que buscan ser profesionales. Desde el 2008, en que se implementó este nuevo sistema de cursos de formación, la escuela regentada por el Sindicato de Choferes Profesionales del Guayas ha graduado a 1 783 conductores, en cuatro promociones.

La tarde del viernes, Estephanie Villacreses cumplió con sus dos horas de clases prácticas en uno de los 13 automóviles que posee la institución para estos fines. El instructor, Vicente Rada, explicó que las prácticas se cumplen de 06:00 a 22:00.
Para las categorías D, D1, E y E1, aún se tramitan los permisos para capacitar a los choferes. Para aquello, además, se requiere contar con vehículos pesados, según la categoría, para las clases.

Las otras escuelas de formación de choferes profesionales en Guayaquil autorizadas son la ConduEspol (de la Escuela Politécnica), Tecnológico Argos e Instituto Tecnológico Superior de Transporte (Itesut).

En Azuay, siete de los 15 cantones cuentan con escuelas para formar a choferes profesionales, avaladas por la ANT. Por la demanda de estudiantes, cada una ofrece dos cursos por año.

En Cuenca, la escuela funciona en la parroquia Baños. Dispone de 18 aulas donde los alumnos reciben las clases teóricas. En su mayoría son personas que disponen de licencia sportman (tipo B) y que conducen camionetas de servicio público en la zona urbana y rural.

Los alumnos son categorizados entre los que son bachilleres y los que no tienen algún tipo de instrucción básica. Los últimos, a más de las materias regulares (educación vial, leyes y reglamentos de tránsito, mecánica …) reciben inglés, geografía urbana y computación.

Seis meses para ser conductor profesional

Los estudiantes deben aprobar cursos de seis meses para obtener la licencia profesional C. Además, tienen que pagar un precio de USD 958.

Actualmente, ningún centro en el país puede ofrecer licencias tipo D y E.

La ANT quiere primero evaluar a los conductores de estas categorías.

Mesías Vicuña, del Sindicato de Azuay, se mostró inconforme con la decisión de la ANT de escoger a Aneta para hacer la recategorización.

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