La población de Quinindé se asustó con el sacudón del sismo de ayer
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El mayor susto lo vivió después del temblor. Cuando un cable eléctrico se desprendió del poste de luz y cayó sobre los tendederos de ropa, en la entrada de su casa.
Lourdes Palacios dijo que los cables humeaban. “Estaban pelados en un extremo. Un vecino los cubrió con cinta aislante hasta que llegaran los técnicos de la empresa eléctrica”.
Hasta la 10:30 de ayer, el cable continuaba en el sitio. Se percibía en el ambiente un olor a quemado. Los dos hijos pequeños de Palacio lo miraban de lejos; inconformes porque no les permitía jugar con la pelota en el patio.
La vivienda donde viven es de una planta, con techo de zinc. Está ubicada en el recinto La Sexta, en la zona rural de Quinindé.
Ahí, el temblor de ayer se sintió con mayor intensidad, porque fue la población más cercana al epicentro (El Valle del Sade). Está a tres horas de recorrido en vehículo y es una zona montañosa.
“Las camas y hamacas se movieron con fuerza”, contó Jeinny Yela, pobladora del recinto. “Primero fue un movimiento leve y luego subió de intensidad. El poco tiempo que duró bastó para atemorizarnos. No sabíamos qué hacer”.
El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional informó que la magnitud fue de 5.6 grados. Tras el sismo se indicó que el sismo se dio a 5 kilómetros de profundidad, pero en ese momento había una información preliminar. Después hubo cuatro réplicas, de las que la mayor fue de una magnitud de 3.7 grados.
Según el director del Instituto Geofísico, Hugo Yepes, el fenómeno natural estuvo relacionado con la zona de subducción. Es decir, hubo un movimiento entre las placas de Nazca y la Continental. La primera se movió más por debajo de la Continental.
Los mayores efectos del movimiento se sintieron en el cantón Quinindé. Tres viviendas y una estructura que era utilizada como baño público se cuartearon en el barrio El Paraíso, La Y de la Laguna y en el recinto La Sexta.
También se sintió en Quito, Santo Domingo de los Tsáchilas, Ambato... en donde solo hubo susto de la población. Para Yepes, la profundidad a la que se presentó el sismo, 40 kilómetros, hizo que no se presentara un desastre. “A esa profundidad, la energía se va diluyendo en su recorrido. Cuando llegó a la superficie ya fue perdiendo fuerza y no tuvo la capacidad destructora”.
En Quinindé, la mayoría de casas es de construcción mixta: de bloque y madera. “Solo con el sismo de ayer entramos en pánico porque las uniones de las casas se deshicieron”, señaló Palacios.
Los daños en su vivienda estaban a la vista ayer. La luz del sol entraba por las grietas que se hicieron en los muros de bloque. “Cuando recién comenzó a temblar la tierra parecía que el techo de zinc se iba a venir abajo. Lo único que alcancé a hacer fue meterme bajo la cama con mis hijos hasta que pasara el temblor”.
La jefa de la Sala Situacional del cantón Quinindé, Dolores Villegas, dijo que la reacción de Palacios fue la más adecuada. “Si salía a la calle, el cable eléctrico pudo caerle encima y otra sería la historia en este momento”.
La funcionaria reconoce que hace falta capacitación en las comunidades y la implantación de un plan de prevención de desastres. “El COE, que se ha activado desde que empezó el invierno, busca las alternativas para contar con ese plan”.
Manuel Casanova, alcalde de Quinindé, recordó que en el cantón hay 26 barrios proclives a desastres naturales.
Nacieron de invasiones cerca de ríos o en laderas. Con el inicio de la época invernal, siete viviendas han sido afectadas y una quedó destruida. “Gracias a Dios no hemos tenido muertes que lamentar, pero urgen acciones”.
Según Casanova, el viernes pasado se declaró al cantón en estado de Emergencia y se pidió al COE provincial que reconociera esa declaratoria para que el Gobierno pueda facilitar la gestión de obras y recursos. Ellos aún esperan la respuesta.
Los consejos
Las familias tienen que conocer cuál es el lugar más seguro de su casa para ubicarse, cuando se produzca un sismo o algún otro tipo de desastre.
En cada hogar debe haber un botiquín con medicinas, una funda de alimentos no perecibles, como enlatados, agua, velas, pilas, una radio, sogas.
Esos implementos son necesarios.
En el barrio donde se vive también se debe conocer el lugar seguro donde las familias puedan evacuar.
Es recomendable que la evacuación no se realice en vehículo, porque eso creará caos. Es mejor caminar.


