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En Puerto El Morro el tiempo pareciera tener límite. O al menos, el ritmo de vida se desaceleró. Cuarenta barcos langostineros están anclados al pie del muelle, sin que los cientos de obreros que para esta fecha los reparan, reaparezcan.

Carpinteros, mecánicos, pintores y auxiliares de ‘obra muerta’ solo dan vueltas por si algún armador cambia de opinión. “No están contratando personal, porque dicen que solo tienen ocho meses antes de desaparecer”, alcanza a decir Xavier Zambrano, mientras salta de un barco a otro.

A lo mucho, este joven de 29 años consiguió el oficio de guardián. Del ‘Jabes’ pasa al ‘Roosmel’, luego al ‘José Carlos’ y culmina en el ‘Miguel Antonio’, donde el choque del martillo con una especie de cincel rompe el silencio.

Juan Mite calafatea con sus instrumentos en la proa. Su tarea es cerrar las uniones con estopa y brea de unas cuantas maderas. La idea es que el agua no se filtre cuando la embarcación navegue.

Luis Quijije, quien supervisa la obra, explica que inicialmente el dueño del ‘Miguel Antonio’ pretendía cambiar todas sus maderas, pero de pronto hubo un cambio de planes: solo reparar las tablas más deterioradas. Por este trabajo, que tomará 4 días, recibirán USD 1 000.

Las naves guardan reposo desde el pasado 1 de enero, para cumplir con una veda de langostino que dura dos meses. Pero este año, el temor es que la ‘para’ sea definitiva, luego de un anuncio.

El presidente de la República, Rafael Correa, advirtió que la pesca de arrastre quedará prohibida desde septiembre próximo, con lo que se trastocó los planes en esta parroquia rural de Guayaquil.

Xavier Zambrano, por ejemplo, suspendió su pretensión de adquirir un terreno, para construir su casa. Sin los ingresos mensuales de por lo menos USD 600 en tripulación, pesca y guardianía, ya no se arriesgará a endeudarse.

“Desde hace años estamos trabajando para evitar actividades pesqueras que alteren a nuestros ecosistemas, que afecten los más pequeños: los pescadores artesanales”, dijo el Primer Mandatario, el pasado 14 de enero.

Durante su enlace ciudadano nro. 254, Correa explicó que esto significa, talvez, que se perjudique a 17 familias a las que se les advirtió en 3 años que cambien de actividad, y no lo hicieron.

Con esta iniciativa se beneficia a 20 mil familias de pescadores artesanales, justificó entonces.

Cuando Luis Erazo recuerda esas declaraciones, solo mueve su cabeza en negación. Fija sus ojos en una vieja radio que lanza un lamento hecho salsa. Por un rato se pierde en ese ritmo contagioso, sin prestar atención a la letra del cover que interpreta ‘Michel El Buenón’. Pero pronto vuelve en sí.

Cada barco, dice Erazo, está tripulado por lo menos por 8 personas y en veda, cuando se hacen reparaciones, hay otras 10. “En el país hay 150 barcos camaroneros, entonces cómo es que lo mal informan al Presidente”, cuestiona. Su frase retumba entre los timbales y las trompetas de “Maldito el tiempo que se acaba...”.

El tiempo no solo le queda corto a los Zambrano, Mite, Quijije, Erazo, sino también a los Soto, Flores, Villao, Rodríguez, Jiménez, Alcívar, Consuegra, Yagual, Banchón, Correia y sus vecinos de la parroquia Posorja, donde está la flota pomadera. De este grupo son los Baidal, Núñez, Ponguillo, Tircio, Mancho, Chica, Anastacio... Más de 17 familias.

Ellos, que forman parte de la tripulación, comercializan, movilizan camarón. Pero hay otras que se dedican a tareas más artesanales. “Solo en Posorja hay unas 1 200 madres de familia que trabajan en las denominadas peladoras comunitarias”, señala Fernando Núñez, armador perteneciente a la Asociación 1 de Mayo.

Encontrar estadísticas oficiales sobre este sector es complicado. Apenas un reciente estudio contratado por el Gobierno, da pistas del peso de esta flota.

La consultoría que analizó los impactos de la desaparición de la flota camaronera de arrastre en Ecuador, entregado el 24 de agosto del 2011 al régimen, valoró la flota pomadera de arrastre en USD 5 181 954 y la langostinera en USD 31 153 183. “Este sería el monto del impacto económico (...) al abandonar la actividad”, destaca el estudio firmado por Félix Miranda Rodríguez, consultor sénior y jefe de equipo.

También observa que sin esta flota sería imposible seguir exportando pomada, porque la flota artesanal no podría proveer las cantidades mínimas para sostener los volúmenes requeridos.

Adicionalmente, el mercado interno quedaría desabastecido de las 1 651 toneladas de camarón pomada y de 1 343 toneladas de pescado de bajo precio que se vende en la playa, tras el desembarque de la flota langostinera.

Los detalles del sector

Las embarcaciones operativas de la flota langostinera de arrastre están organizadas en 26 empresas diferentes. Y otras 71 personas naturales, dueños de embarcaciones pesqueras, que tienen entre 1 y 7 barcos.

Las embarcaciones operativas de la flota pomadera de arrastre están organizadas en 3 empresas unipersonales y el resto son personas naturales. La mayoría de armadores tiene un solo barco.

De las capturas totales de la flota langostinera de arrastre en el Ecuador, se estima que un 34% del peso capturado correspondería a la denominada ‘pesca acompañante’ retenida y comercializada.

Del 2007 al 2010 las capturas de la flota pomadera aumentaron cada año. Pero el INP estimó en 2007 y 2008 una leve sobre explotación. Esto sugiere que es poco probable que las capturas aumentarán a futuro.

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