Tiempo de lectura: 5' 25'' No. de palabras: 774

El viernes pasado hubo fiesta en la comunidad indígena de Pulcallpa, donde las imponentes viviendas de hormigón opacaron a las pocas que quedan de adobe.

Sus pobladores tenían al menos dos razones para su felicidad: la recuperación de los 42 vecinos que fueron envenenados (26 de agosto) y el agradecimiento por el milagro a la Virgen de El Cisne.

Un grupo de personas en 13 caballos escoltaba a la imagen de la virgen, traída en una urna desde el barrio de San Antonio.

Segundo Morocho, de 52 años, dejó de cortar la maleza y exclamó“Mamita Virgen nos salvó”. Morocho fue uno de los 42 envenenados (entre ellos 13 niños). Esto se produjo en el cantón azuayo de Nabón. Esta intoxicación puso al descubierto una pugna en la comuna indígena de Shiña.

Los resultados de las muestras analizadas por el Instituto Izquieta Pérez confirmaron que ellos ingirieron sopa con veneno. El fiscal del cantón Girón, Mateo Ríos, que tiene competencia en Nabón, investiga cómo llegó el veneno a la sopa. Los afectados aseguran que se trató de un atentado.

Según el presidente de la comunidad de Shiña, Marco Carchi, los conflictos empezaron hace tres años con el retorno de varios emigrantes. Ellos se oponen a ser comuna jurídica, a vivir bajo las costumbres indígenas y hay una pugna de territorios, indicó.

Por esas razones, este año crearon la Asociación de Agroganaderos de Colonos y Migrantes de la Hacienda Shiña, que agrupa a 110 familias. Arcenio Morocho es el presidente del Comité Pro mejoras, un migrante que retornó de EE.UU. hace más de dos años con su hermano Franco.

Él reconoce la rivalidad e insiste en que el problema central es por el territorio. “(Shiña) no es comuna ni somos indígenas. Tenemos los documentos de que este territorio (10 800 metros cuadrados) fue comprado como hacienda”. Según él, en la escritura consta que son colonos y no indígenas.

Arcenio Morocho dijo que cada uno tiene su propiedad individual y puede darle cualquier uso. En cambio, la otra parte defiende el territorio comunal que tiene lotes con dueños exclusivos, parcelas privadas y área comunal.

Esta última la comparten todos para sembrar o hacer pastar a los animales. La alcaldesa de Nabón, Magali Quezada, admite que esos conflictos llegaron a límites preocupantes. “Han pasado de la agresión verbal a la física, a las amenazas, a demandas…”. 20 indígenas de Shiña tienen juicios por robos, agresión, sabotaje y terrorismo, cierre de vías, prohibición de derechos básicos… interpuestos por la Asociación o personas”, dijo Arcenio Morocho.

Esos procesos reposan en la Fiscalía de Girón. Según Quezada, pidió en varias ocasiones la intervención del Gobernador de Azuay. Ella cree que la migración incidió en este conflicto.

Aunque Arcenio Morocho dijo que sus compañeros no tienen nada que ver con el envenenamiento de agosto.

El hecho ocurrió el 26 de ese mes. Los 42 intoxicados estaban en el velatorio de su vecino Alfonso Morocho, quien apareció muerto. Él vivía solo. Inicialmente su hija Rosa, de 49 años, y los vecinos pensaron que murió por intoxicación alcohólica, pero ahora tienen sospechas.

Rosa recordó que encontró a su padre (Alfonso) tendido en el piso. La autopsia practicada en el Hospital Vicente Corral Moscoso de Cuenca determinó muerte por asfixia, hemorragia pulmonar e intoxicación a determinar.

Pero no se tomaron más muestras (fluidos corporales y alimentos) para exámenes, como sí se hizo a los intoxicados. Esos resultados determinaron la presencia de una sustancia fosforada, pero la información no ha sido revelada porque es parte de la investigación reservada de la Fiscalía.

En el velatorio, las mujeres prepararon una sopa con habas, arroz, papas, fideos y agua que el difunto tenía en su cocina. Además, se sirvieron una agua de hierbas, contó María Carchi.

De su familia -incluida ella- 12 personas (hijos, hermanos, primos…) fueron hospitalizadas.


Un apoyo externo

El envenenamiento está en proceso de investigación de forma reservada. Las personas que resultaron afectadas no se recuperan del todo de su salud.

Estos azuayos cuentan que tienen molestias abdominales, mareos, decaimiento y dolores de cabeza.

Tras la emergencia, varios emigrantes que viven en Estados Unidos y Europa hicieron contribuciones económicas para la asistencia médica de los pacientes. En total se recaudaron unos USD 2 000 que se usaron para medicación extra que no entregó el hospital y que siguen adquiriendo para la recuperación.

Califique
2
( votos)