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imagenUn letrero de ‘Se vende esta casa’ destaca en la segunda planta de una vetusta casa de construcción mixta en las calles Leonidas Icaza y Malecón, centro de Ricaurte. Allí, hasta hace dos meses el movimiento de personas era a diario.

En esa parroquia de Urdaneta (Los Ríos), cerca al retén policial, funcionaba un viejo salón de Julio G. Hasta la antigua casa llegaban muchas personas a beber.

Algunos se aprovisionaban de “puntas”, “guanchaca” o aguardiente, como le llaman al trago de caña, para consumirlo en las fincas. Desde ese negocio se comercializó el licor adulterado con metanol que consumió la mayoría de los 20 fallecidos en Los Ríos.

“Cuando empezaron las muertes el señor cerró el negocio y se fue. La esposa vino a llevarse las cosas y dejó el letrero. Al menos ya no se ve tanto borrachito”, comenta una vecina de la zona.

Las muertes empezaron a menos de una semana de las fiestas de la Virgen del Carmen. Las familias de quienes murieron y los que sobrevivieron aún viven un drama, dos meses después.

En Pijullo, por ejemplo, toda la población quedó conmovida. En este recinto, a 15 km de Ricaurte, murieron dos personas y al menos otras 20 fueron afectadas.

Ángela Palacios perdió a su esposo Daniel Icaza, la segunda víctima. “Siempre compraba dos botellas en Ricaurte y se las tomaba en casa, solito en una hamaca. Un viernes se acostó y al otro día amaneció con dolores, vómito, diarrea. Lo llevamos al Subcentro pero no había doctor”.

Detrás de la ventana de su modesta casa relata que Icaza se desmayó cuando lo llevaban a Ricaurte de donde luego lo trasladaron a Babahoyo. “Murió dos cuadras antes de llegar. Mis hijos se endeudaron con USD 400 para enterrar a su padre”. Las dos funerarias que hay en Ricaurte fiaron las cajas a nueve deudos.

En cambio, los hermanos Vicente y Néicer Yépez vivieron para contarlo. El primero volvió hace una semana a trabajar en el campo. El segundo lo hace desde el lunes en una construcción.

Vicente estuvo ocho días hospitalizado en Guayaquil. Desde que se le terminaron las medicinas no tuvo para comprar más ni para los exámenes. Néicer, en cambio, estuvo delicado por tres semanas. “Aún tengo dolores de estómago. Nos ofrecieron entregar comida, pero las veces que hemos ido no constamos en las listas”, cuenta apesadumbrado.

En el recinto Las Malvinas, Jefferson Flores descansa en una hamaca luego de sus faenas en el campo, labores a las que se reintegró hace dos semanas. Ocho días después de tomar con unos amigos comenzó con calentura en el cuerpo, mareo y dolores. Estuvo seis días en el hospital Martín Icaza de Babahoyo. Su abuelo Evaristo Vásquez también tuvo los síntomas, pero no fue internado.

Saúl Álvarez estuvo una semana en el Hospital Móvil en Ricaurte luego de permanecer tres días internado en Guayaquil. “Tomó un vaso de puro y comenzó con los dolores, le salió sangre por los ojos. En Catarama, el presidente (Rafael) Correa nos ofreció un bono pero aún no hay nada”, expresa su madre Blanca Icaza.

Igual ayuda es la que esperan Agapito Bacilio y su hijo Cristóbal. En su casa, en Los Almendros, aún se recuperan con medicamentos comprados por ellos; mientras trabajan en el campo.

El gobernador de Los Ríos, Jesús Narváez, comenta que las ayudas se están cristalizando a través de los organismos correspondientes. En el caso de las cuatro personas que quedaron con ceguera, el programa Manuela Espejo coordina la entrega de ayudas.

“El MIES tiene un listado de quienes sobrevivieron y de las familias de los fallecidos. Hay quienes ya están recibiendo el bono, pero a lo mejor no todos cumplen con los requisitos”, dice.

El Ministerio de Vivienda tiene un inventario de las familias que necesitan casas. Pero Narváez aclara que se debe cumplir con otros pasos, como por ejemplo, buscar financiamiento.

En el centro de Ricaurte desde su gabinete de belleza, la hermana de Lenín Picado, Magdalena, no deja de llorar su muerte. “Dejó huérfanos a cinco menores. Se ofrecieron muchas cosas, pero poco es lo que han cumplido”.

Frente al negocio viven sus sobrinos. Diagonal, en cambio, el salón de donde salió el licor que mató a su hermano y otras personas luce desolado. Hay quienes por ahora prefieren tomar cerveza o aguardiente de marca.

“El licor es parte de la vida del campesino. Tomamos con amigos o solos en casa”, refiere Don Luis, como se hace llamar, un cincuentón de piel tostada. En su caso ahora toma cerveza “porque no se la puede falsificar”.

Los vecinos del bar prefieren no hablar. Hay quienes miran sigilosos a través de las cortinas y se esconden. La Policía sigue tras la pista de Julio G., sobre quien pesa una boleta de captura. Su declaración será vital en la investigación.


Testimonio

Virginia de Picado/ Esposa de un fallecido

'Por mis 5 hijos pido que nos ayuden'

El dolor por la pérdida de mi esposo es algo que no logramos superar con mis cinco hijos. Todo ha sido tan traumatizante.

Mi esposo trabajaba como soldador. El jueves 14 de julio comenzó a vomitar, pero era algo que siempre le pasaba cuando bebía. Pero en esa ocasión se quejó de dolores fuertes en el pecho y le faltaba la respiración. Lo llevamos al Hospital de Ricaurte y una hora después ordenaron trasladarlo a Babahoyo. Pero antes de llegar a Puebloviejo falleció. En la misma ambulancia me lo trajeron a la casa.
Virtualmente, estamos en la calle. Aquí donde vivimos nos prestaron por un tiempo y ya han vendido el solar. Tenemos que desocuparlo y yo no tengo trabajo ni a dónde ir.

A través del MIES, en un sitio llamado Avance, led dan el almuerzo a mis cinco hijos. Es la única ayuda recibida.
Aquí vinieron a repartir colchones pero no nos dieron nada. El Presidente de la República estuvo aquí y ofreció ayudarnos. Lo que pido para mis hijos es que el Miduvi nos construya una casa y que el MIES nos entregue el bono.

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