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Cerca de 6 500 personas habitan en 20 poblados cercanos al volcán Tungurahua, que está en proceso eruptivo desde 1999.

Estos pueblos rurales se levantan en los cantones Penipe, en Chimborazo, y Pelileo, en Tungurahua, según la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR). En la mayoría viven agricultores que con el tiempo aprendieron, a fuerza de evacuaciones y luego de movilizaciones voluntarias, a considerar al coloso como su 'vecino'.

Esto fue posible con la construcción de tres reasentamientos poblacionales en Río Blanco (Baños) y La Paz (Pelileo), en Tungurahua, y Penipe y Guano, en Chimborazo. En total se edificaron 585 casas que permiten a los agricultores de las comunas Bilbao, Chacauco, Cusúa, etc., salir temporalmente de esas zonas para dormir en las viviendas cuando el volcán incrementa su actividad.

"Esto sucede cada tres o cuatro meses. La erupción estromboliana del Tungurahua se caracteriza por explosiones separadas por períodos de calma", explicó la vulcanóloga Patricia Mothes.

En ese contexto, el viernes pasado, una espesa masa de nubes cubría al volcán Tungurahua, que hace un mes y medio dejó de lanzar ceniza y piedras incandescentes. La reactivación fue considerada de moderada a alta, por los vulcanólogos del Instituto Geofísico (IG), aún así los esposos Ángel Trujillo y Rosa Villegas no abandonaron su modesta vivienda.

La pareja se encerró en los dos pequeños cuartos edificados con bloque, madera y techo de zinc, ubicada en la comuna San Juan de la parroquia Cotaló del cantón Pelileo, en Tungurahua.

Trujillo comenta que respeta a la 'Mama Tungurahua', pero que no le tiene miedo. Para él, los momentos más duros ya pasaron. Fue la noche del 16 de agosto del 2006. "Salió bastante candela en la montaña, pensé que erupcionaría de una vez y aún está en erupción".

La pareja está preparándose para una nueva reactivación. Pese a eso decidieron retomar a las actividades agrícolas. Desde el lunes pasado, preparan el terreno para sembrar el maíz. "Pienso que se reactivará en agosto. Hasta esa fecha el maíz ya habrá crecido", dice el hombre de mediana estatura.

Villegas cuida a sus hermanos Manuela y Ángel. Los dos sufren con discapacidad. Mencionó que el año pasado llegaron los miembros de la Misión Manuela Espejo. Luego de la evaluación les entregaron una cama y un colchón. Los funcionarios les ofrecieron una casa, pero aún no se concreta.

En San Juan también vive Vilma Miranda, de 35 años. Desde las 07:00 saca la mala hierba del sembradío de papas. Afirma que la cosecha será en diciembre. "Ojalá la nueva reactivación no sea fuerte".

Su hijo John estudia en la escuela Padre Segundo Bilbao que funciona en el pueblo habitado por 50 familias. Su vástago dejó de hablar durante una semana. La erupción de agosto del 2006 nos asustó y salimos evacuados.

Los psicólogos del ex Instituto del Niño y la Familia (Infa) llegaron y les ayudaron en su recuperación. "Ahora ya no llora como antes. Mi esposo Carlos juega con él y le explica que no ocurre nada".

En el centro educativo estudian 19 niños de segundo a séptimo de básica. La maestra Esthela Mora también les imparte charlas y efectúa dinámicas para ayudar a los niños. "Los chicos crecieron con el proceso eruptivo, eso les ayudó a perder el miedo. Asimismo, cada seis meses efectúan simulacros".

En Bilbao las labores agrícolas son normales. La parroquia es la más próxima al macizo. Jorge Aguilar, vicepresidente de la Junta Parroquial, explica que están tranquilos. En los 13 años del proceso eruptivo aprendieron a convivir con su vecina la 'Mama Tungurahua'. "Por eso la gente nunca se alejó de sus tierras".

Las 800 familias de Bilbao, Juive, Cusúa, Chacauco, Yuibug, entre otras comunas, se mantienen. Aguilar indica que la economía de la población gira en torno a la producción agrícola y ganadera.

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La producción aumentó

  • Jorge Aguilar,  vicepresidente de la Junta Parroquial de Bilbao, dice que allí siembran 70 hectáreas de maíz, 1 400 de pastos y hay 300 reses de acuerdo con el censo parroquial efectuado el año pasado.
  • A la escuela Zamora,  en Bilbao, asisten a clases 17 niños. Flavio Pérez, maestro, dice que los infantes están preparados en caso de una fuerte erupción.
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