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Los habitantes de la parroquia Sarayaku, en Pastaza, reforzaron el ecoturismo comunitario.

Promocionan su proyecto a través de la redes sociales y en una oficina en Puyo.

Las actividades ecoturísticas se practican en 140 000 hectáreas de bosque primario.

Turismo en la comunidad de Sarayaku

Allí se desarrolla la caza, la pesca, la elaboración de artesanías de cerámica y el turismo comunitario como una nueva actividad que les da ingresos.

El impulsor de esta propuesta es José Gualinga, gerente de la operadora turística Papangu Tours y presidente de Sarayaku (río de maíz’ en su idioma quichua) . “Esta actividad diversifica los ingresos de las familias nativas”.

En Sarayaku viven alrededor de 1 200 personas, distribuidas en las comunas Kalikali, Sarayakillu, Chontayaku, Shiwakocha y Sarayaku Centro.

El primer atractivo desde las avionetas que ingresan a Sarayaku es el caudaloso río Bobonaza que serpentea por la selva. Esa zona es vital para este pueblo, situado a 25 minutos de vuelo desde el aeropuerto de Shell en Mera.

El turismo comunitario de la operadora Papangu Tours (fundada en 1993) es un proyecto de la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP). Ofrecen viajes organizados con guías nativos, comidas locales, hospedaje y artesanías que elaboran las mujeres.

Los habitantes reciben un promedio de 150 visitantes al año. Los meses con más turistas van de agosto a diciembre. Los viajeros arriban de Europa, Estados Unidos, Chile y de Argentina.

Les ofrecen, por ejemplo, excursiones a la selva, a las comunas y la navegación por los afluentes. Este paquete cuesta USD 508 por persona durante cuatro días y tres noches. Esto incluye transporte aéreo y fluvial, hospedaje, alimentación y guías.

“Nuestros principales clientes son los extranjeros. Nos contactamos con ellos vía Internet”, explica Gualinga.

La página web es www.papangutour.org. También cuentan con una oficina en Puyo. Las reservaciones se hacen con 30 días de anticipación. “Trabajamos con un máximo de 30 personas. Las redes sociales son nuestra fortaleza”, explica Gualinga.

En la comuna también tienen un centro de Internet satelital y radio transmisores que se alimentan con energía solar.

El recorrido empieza en el río Bobonaza hasta Sarayaku. Allí los viajeros son bienvenidos por los chamanes y curacas. Las familias nativas reciben a los visitantes con un coctel ancestral: la chicha de yuca masticada por sus mujeres. Una de ellas es Miriam Cisneros.

Ella aporta con algunos detalles. “La chicha se elabora en barro y se brinda en una mucawa (recipiente) . Es una bebida sagrada que se ofrece como amistad y la personas que lo ingiere siempre regresan a la Amazonía”.

Los recorridos

Durante las caminatas largas en la selva se construyen campamentos con toldos, colchonetas y carpas bajo los árboles.

Los turistas se hospedan en villas indígenas. En algunos recorridos duermen en casas de las familias nativas quichuas.

La alimentación contempla el pescado cocinado al vapor en hojas naturales (maito). Se consumen plátano, yuca, uvas silvestres y la carne de wanta.

El tour recorre los ríos de la región. Los turistas se refrescan en las cascadas sagradas y descienden a las cuevas de Los Tayos.

En el país están registradas 72 operadoras de turismo comunitario. Reciben, según el Ministerio de Turismo, más de 31 000 visitantes por año.

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