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En invierno, las mañanas son húmedas y nubladas en Bella Rica. Una neblina espesa que desciende de la pequeña cordillera Mollopongo, sureste del Azuay, se cuela por las casas de madera trizada del campamento minero. El caserío del cantón Camilo Ponce Enríquez despierta temprano.

Como sombras, varias mujeres escarban un cerro de rocas, desechadas de una mina cercana. Llegan con los primeros rayos para escoger el mejor lugar en las laderas. Dos de ellas escalan cerca de una bocamina. Buscan minúsculas partículas de oro impregnadas en la piedra de cuarzo, desecho de los trabajos de extracción del mineral.

En Bella Rica, un campamento asentado hace 30 años, el 5% de sus 3 000 habitantes se dedica al ‘jancheo’, la tarea de buscar oro entre los escombros de las minas. Las escombreras son el sustento para centenares de mujeres ‘jancheras’.

La tarea es extenuante y a menudo riesgosa. Los accidentes por deslizamientos de piedras o por la maquinaria que las deposita son frecuentes. Suelen acabar en golpes y fracturas. Por eso, muchas ‘jancheras’ no dudan ahora en usar cascos, botas y chalecos reflectivos para protegerse.

Para la lojana Enma Japón es una obligación. Es parte de un grupo organizado de 20 ‘jancheros’, uno de los tres formados en Bella Rica en torno a esa actividad. Para ‘janchar’ debieron previamente comprometerse con los dueños de la mina a usar protección.

Enma trabaja hasta el mediodía. Picando piedras, a la semana acumula un bulto (quintal), que llevará a un molino cercano para triturar el material y extraer el oro, procesarlo y venderlo. “Este no es un trabajo para hombres”, dice la mujer, en cuclillas sobre un montículo de piedras ocres.

El trabajo dentro y fuera de las minas transcurre en medio de un constante riesgo de accidentes. El cuencano Lauro Ureña, quien se ocupa como operario de una perforadora manual, cuenta que ha visto morir a decenas de compañeros en los 15 años que labora en Bella Rica. Tiene fresco en su mente uno de los últimos accidentes.

Ocurrió en marzo del 2012 en la mina El Trébol. Un deslave sepultó a un minero peruano, que falleció por fracturas en la cabeza. “El resto se salvó porque corrió por una salida de escape”.

“Los accidentes laborales son frecuentes, pese a las precauciones que toman los concesionarios”, dice Jorge Arévalo, promotor social de la Cooperativa Bella Rica, que agrupa a 60 sociedades mineras. “En los campamentos hay médicos y aunque la mayoría cumplimos los reglamentos de seguridad, hay unos que no lo hacen o recién están en los trámites”.

A raíz del deslave que sepultó a 11 personas en la mina Pueblo Nuevo, el pasado 24 de enero, la Agencia de Regulación y Control Minero suspendió la explotación en 11 campamentos. La medida se mantendrá mientras el Instituto Nacional de Geología Minera evalúa el posible riesgo de realizar trabajos extractivos en la zona.

Bella Rica tiene un pequeño dispensario médico. Atienden dos profesionales, un odontólogo y una enfermera, en un estrecho local ubicado al inicio de la calle principal. La mañana del pasado martes estaba cerrado. “Aquí necesitamos de todo, pero en el dispensario faltan equipos de sutura e insumos. Y en la noche no hay atención, pese a que en las minas se trabaja las 24 horas”, dice Arévalo.

El Centro de Salud de Camilo Ponce Enríquez recibe a la semana de 5 a 10 mineros con lesiones relacionadas con su actividad. La directora, Alexandra Rendón, menciona que las más frecuentes son heridas por cortes, fracturas por caídas de rocas, quemaduras por fricción e intoxicaciones por inhalación de gases. “Solo por intoxicación recibimos un promedio de cuatro pacientes al mes”.

Aunque el Centro de Salud de Ponce Enríquez atiende las 24 horas, carece de un área de traumatología. Solo una ambulancia socorre a los heridos, pero el vehículo no accede por vías agrestes, como el tortuoso camino de 8 kilómetros que serpentea hasta Bella Rica. “Necesitamos una ambulancia más, pero doble tracción, como la de los bomberos”, dice Rendón.

En el Centro de Salud de Ponce Enríquez, un cantón de reciente creación y con más de 24 000 habitantes, fueron atendidos los heridos del deslave en Pueblo Nuevo.

Llegaron con fracturas, quemaduras y politraumatismos. El último, Robert Cheje, un peruano de 32 años, aún se repone de una fractura craneal. Otros ocho heridos fueron llevados a hospitales de Machala y Guayaquil.

Según el Reglamento de Seguridad Minera, los titulares de los derechos mineros deben adecuar una unidad de seguridad e higiene del trabajo, con un previsionista en riesgos mineros.

Arévalo, de la Cooperativa Bella Rica, explica que toda sociedad minera que sobrepase los 15 obreros debe contar con un plan de seguridad y con un dispensario médico, si la mina ocupa a más de 25 trabajadores.

El uso de mascarillas, por ejemplo, es poco usual entre obreros que manipulan material explosivo. Se exponen a la inhalación de gases, como monóxido y dióxido de carbono, en altas concentraciones producidos por detonaciones. A inicios del 2012, un grupo de obreros murió por asfixia.

L os riesgos no ahuyentan a los mineros. Mientras unos retornan a sus lugares de origen con lo ganado luego de varios años trabajando bajo tierra, otros arriban a la zona en busca de empleo.

Cronología 15/10/2010 Una de las mayores tragedias. Ese día colapsó una mina de la compañía Minesadco, en Portovelo (El Oro).Una semana duró rescatar los cuerpos sin vida de cuatro trabajadores.

22/02/2012 Cinco mineros murieron por intoxicación, luego de inhalar gases tóxicos dentro de la mina La Cascada, donde se había detonado dinamita. Los gases también dejaron 10 heridos.

26/03/2012 Un deslave en la sociedad minera El Trébol, en Bella Rica, mató a un obrero e hirió a otro. Ambos mineros eran peruanos. Las condiciones climáticas provocaron el incidente.

24/01/2013 En la madrugada, parte del flanco de un cerro cedió por las lluvias y cayó sobre tres campamentos mineros de Bella Rica. El saldo: 11 personas fallecidas y ocho heridos.

28/01/2013 La maquinaria continuó removiendo el material acumulado en la mina Pueblo Nuevo, pero el personal de rescatistas se retiró de la zona de la tragedia Tres minas destruidas
El deslave  acabó tres campamentos en el occidente del caserío: las sociedades mineras Pueblo Nuevo, Las Cascada y La Valdivia. También afectó a otros campamentos aledaños.

Pueblo Nuevo  estaba suspendida por la Agencia de Regulación y Control Minero (Arcom), cuando se produjo la tragedia.

El Instituto Nacional  de Geología Minera deberá presentar a la Arcom un informe sobre la condición de los sitios donde se asientan las 11 minas suspendidas.

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