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A simple vista parece una espesa llanura verde. Pero, al acercarse se puede apreciar que se trata de un gran estanque de estiércol.

Tiene más de 3 millones de metros cúbicos de desechos, pero no emana mal olor. Los lechuguines que han crecido sobre la superficie lo contrarrestan. Aunque no han ahuyentado al ejército de moscas y zancudos que se diseminan a lo largo de la explanada.

Mario Andrade ha aprendido a vivir cerca del lugar. Tiene un taller de fabricación de ladrillos junto al estanque.

En invierno -dice- los insectos entran a las casas cercanas y es imprescindible dormir con toldo, para evitar las picaduras. “Esos zancudos pasan todo el día en el estiércol y luego se pegan a la piel. Provocan enfermedades”.

Al sitio llegan todas las aguas servidas de Pedernales (Manabí). Está en la vía que conduce a Cojimíes, a solo 2,5 kilómetros de la playa principal del cantón. Ahí, en la arena; junto a las cabañas donde venden cocteles, hay grandes tubos de desfogue.

Según el Municipio, sirven para evacuar las aguas lluvias, pero los operadores turísticos de la playa dicen que también se arrojan aguas servidas. “El sistema de alcantarillado sanitario colapsa especialmente en la época de invierno y se mezcla con el de aguas lluvias”, dice Heimer Soledispa, de la Asociación de Cocteleros.

En el malecón, los grandes tubos de cemento están a la vista de los turistas, rodeados de basura. El agua contaminada se filtra en la arena y va hacia el mar.

El Municipio envía maquinaria de forma frecuente para limpiar el área, pero cuando hay lluvias fuertes los esfuerzos son insuficientes. “Siempre hemos tenido ese problema y nos afecta porque se ahuyenta al turista”, comenta Mariana G., propietaria de uno de los restaurantes del sitio.

“No hemos podido aprovechar la construcción de las vías que ha hecho el Gobierno”.

La microempresaria se refiere a la carretera Suma - Pedernales, de 90 kilómetros, que fue inaugurada en octubre del 2011. Es de pavimento rígido, tiene señalización y dos amplios carriles. Entonces el presidente Rafael Correa dijo que iba a alentar el turismo en Pedernales, pues acortó distancias para llegar a la playa.

Antes, de Santo Domingo a Pedernales, un vehículo demoraba cuatro horas en llegar. Ahora poco más de la mitad. “Pero el problema es que el turista llega y se topa con esos tubos en la playa y no se queda”, confiesa Soledispa.

El alcalde de Pedernales, Manuel Panezo, dice que se instaló un sistema de bombeo para las aguas servidas en la playa (sector Las Palmitas). Con la medida se busca mitigar la contaminación de la ciudad. Pero de las cuatro bombas de succión solo dos funcionan y colapsan frecuentemente por los cortes eléctricos.

Las aguas servidas que se succionan en ese sistema son enviadas por tubos al estanque de desechos ubicado en la vía a Cojimíes.

“El cantón no tiene un sistema de tratamiento de aguas residuales”, dice Vicente Vélez, gerente de la Empresa Pública de Agua Potable de Pedernales.

En el 2009, el Municipio suscribió un contrato con una firma privada para resolver el problema. Se tenía previsto ampliar el sistema de alcantarillado sanitario e instalar uno de tratamiento de aguas residuales. El financiamiento iba a ser tripartito. El Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda, el Municipio y el Banco del Estado iban a invertir USD 2, 4 millones.

Pero según Vélez, el contratista incumplió y el contrato fue terminado de forma unilateral por parte del Cabildo. Los recursos se perdieron. Un funcionario del Cabildo, que pidió la reserva, aseguró que tampoco se contó con los terrenos públicos para que se haga el proyecto.

Al menos unas 10 000 personas se hubieran beneficiado del contrato, tanto en el área urbana como en los sectores de la periferia, donde hay barrios que se asentaron de forma desordenada y sin los permisos respectivos.

Solo el 40% de las 55 128 personas que habitan en Pedernales tiene alcantarillado, según el departamento de Agua Potable.

El resto usa pozos sépticos. Daysi Guerrero lo construyó en la parte trasera de su vivienda, en el sector Virgen del Cisne.

Cada mes debe llamar a un tanquero de la Empresa de Agua para que lo succione y pueda ser reutilizado. Paga entre USD 10 y USD 15 por el servicio.

“No puedo dejar que se llene mucho porque se rebosa. Sobre todo cuando hay lluvias. Las aguas servidas entran a las habitaciones de la casa y es una pestilencia que no se puede aguantar”.

En la vivienda, de construcción mixta y de una planta, viven seis familiares. Guerrero es el sostén económico. Labora como empleada doméstica y recibe USD 150 al mes. Con el 60% de sus ingresos cubre el arriendo.

“No tengo dinero para ir a otro barrio. La única opción que nos queda se resignarnos”.

Ella asegura que para ahorrarse el pago de los tanqueros de desechos algunas personas optaron por conectar los pozos con el sistema de aguas lluvia de la ciudad. Y este es el que desemboca en la playa de Pedernales.

Según Vélez, ahora se está rediseñando el proyecto de ampliación del alcantarillado y de instalación de una planta de tratamiento que quedó trunco, para buscar nuevas fuentes de financiamiento del Estado.

Mientras, los turistas llegan y prefieren avanzar hacia las playas del norte de Manabí. Entre ellas Jama y Canoa.

Canoa no tiene sistema de alcantarillado sanitario

Al caer el sol, los pájaros toman baños de arena en la playa. Están a la vista de los turistas. Se han convertido en un atractivo más de la parroquia San Andrés de la Canoa, en Manabí.

La playa es parte de la ruta del Sol y de la Spondylus. Fue declarada como una prioridad turística por la Cartera de Estado del sector. Tiene 3,4 kilómetros de extensión. Hay una variada oferta de hoteles, restaurantes, bares…

Pero sus propietarios enfrentan serios problemas sanitarios. Canoa no tiene un sistema de alcantarillado ni de agua potable.

El presidente de la junta parroquial, Juan Carlos Quintero, lo reconoce con vacilación. Sabe que la noticia podría frenar la afluencia de turistas, pero también que resulta necesario.

En el centro de la ciudad hay un alcantarillado de aguas lluvia que resalta entre las calles de polvo. Los vehículos circulan por encima y han desgastado los canales. Además, algunos pobladores lo usan para desfogar las aguas servidas. El sistema desemboca en el río Canoa, en el límite de la playa.

El alcantarillado ha sido una demanda histórica de Canoa. es más, entre el 2007 y el 2008 se suscribieron nueve contratos relacionados con la construcción de ese sistema por un monto de 727 483 (ver tabulado).

El Municipio de San Vicente se los dio a siete constructores. “El Municipio no cumplió con su rol de fiscalizador”, dijo Jaime Solís, ex integrante del Comité Pro Mejoras de Canoa y reconocido arquitecto. “Hubo negligencia administrativa. Se pagaron por obras que no se hicieron; vencieron garantías y ahora hay una montaña de juicios”.

Los recursos fueron asignados por el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda. Los constructores se comprometieron, por ejemplo, a construir una planta de tratamiento, una planta de bombeo y conexiones domiciliarias para que la población pueda deshacerse de sus desechos.

Pozos sépticos

Pero las obras solo están en papeles. Las familias han tenido que construir pozos sépticos.

Clara Manzaba, del sector conocido como La Loma, en la parte alta de Canoa, dice que cuando los pozos se llenan los entierran y cavan uno nuevo. “Hay familias que ya tienen cuatro o cinco pozos en sus propiedades y ya están contaminando las fuentes de agua dulce del cantón”, refiere Solís.

Manzaba ha tenido tres pozos. El último lo construyó hace un año. Tiene 2,5 metros de profundidad. La perforación le costó USD 80 y tuvo que invertir otros USD 100 en la construcción de la estructura de bloque que funge de baño. “Hemos pedido al Municipio que nos ayude, pero se hace de oídos sordos. Estas propiedades son legales. El año pasado pagué USD 15 de impuesto predial y no veo que los impuestos se traduzcan en obras”.

En el Municipio de San Vicente se dijo que existe un tanquero (sifonero) que se encarga de limpiar los pozos de forma gratuita. Pero un operador turístico aseguró que se cobra hasta USD 20. “La última vez que denuncié no me mandaron el sifonero un mes, en retaliación. Por eso no doy mi nombre. Si uno tiene urgencia de limpiar el pozo debe pagar”.

En el último feriado de Carnaval llegaron 10 000 turistas, una buena parte de Quito. Canoa tiene una capacidad hotelera de 1 500 camas. Los visitantes duermen en la playa, los autos o en las casas convertidos en pensiones.

“Como no hay dónde desfogar los desechos se producen enfermedades. Infecciones en los niños y hasta casos de hepatitis”, dijo Catalina Rodríguez, presidenta de la Asociación de Hoteleros. En el cantón funciona un centro de Salud, pero aún no ha sido inaugurado en su totalidad.

El alcalde de San Vicente, Humberto García, aseguró que se ha recuperado USD 83 000 de los contratos que no se cumplieron en la administración anterior.

García dijo que se reunió con el ministro de Desarrollo Urbano, Pedro Jaramillo y él supuestamente se comprometió a gestionar la obra. “Hasta finalizar el año lo resolveremos”. Apremian las soluciones pues hay pobladores que conectaron los pozos sépticos a las tuberías que no se terminaron de hacer y los desechos se están acumulando bajo tierra.

Clamor por el agua potable

El encuentro fue histórico. Las diferencias entre los pobladores de San Vicente y Bahía de Caráquez son conocidas, pero el 10 de diciembre del año pasado se hicieron a un lado.

Se unieron bajo una necesidad compartida: la falta de un sistema de agua potable para esos cantones de Manabí.

 El escenario de la protesta fue el puente Los Caras, que une físicamente a las poblaciones. Es una de las obras insignias de la denominada Revolución Ciudadana. Los manifestantes hicieron público un documento en el que se pedía a las autoridades locales y centrales que resuelvan los problemas por el desabastecimiento de agua.

Los hoteles deben comprar agua de botellones para poder cocinar los  alimentos que se ofrecen a los turistas. Y para las piscinas y  baños se usa agua de tanquero. El líquido se bombeado de los afluentes cercanos.

Canoa cuenta con un sistema de agua entubada. El agua llega desde la comunidad Ambache, pero no es apta para el consumo humano. Además, solo llega al 30% de la población, en el casco urbano (en la parroquia hay 6 800 pobladores).

Está a 10 kilómetros de Canoa y en el camino los agricultores han hecho perforaciones para utilizar el líquido en el riego de sus cultivos, lo que provoca que la distribución sea irregular.

El presidente de la junta parroquial de Canoa, Juan Carlos Quintero, dice que desde hace dos años se han enviado oficios a las autoridades para que intervengan. Apelando siempre al valor turístico que tiene la parroquia. Pero no hay respuestas en concreto, para solucionar el problema de la parroquia.

Según el alcalde  de San Vicente, Humberto García, hasta finales de este año se daría respuesta a las necesidades de la población. “El presidente (Rafael Correa) se comprometió a darnos apoyo con créditos del Banco del Estado. Se necesita USD 4 millones para la tubería y 2,6 millones para la construcción  de una nueva planta en el sector Estancilla”.

 Si se concreta ese ofrecimiento se podría  abastecer a Bahía de Caráquez y San Vicente y también crear una empresa de agua potable conjunta.

Servicios en Canoa

El sistema de  recolección de basura de Canoa funciona todos los días. Pese a ello, especialmente en los feriados, la basura se acumula en las viviendas. Los pobladores optan por quemarla en las laderas cercanas.

Canoa no cuenta con  una estación de bomberos para atender emergencias. En enero del 2009 un hotel de dos plantas quedó en cenizas tras un incendio que pudo controlarse si hubiera existido una atención inmediata. Tampoco hay hidrantes. 

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