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Estudiantes y maestros del Centro de Atención Municipal e Integral (Cami) abrieron las fiestas julianas ayer con un desfile por la avenida 9 de Octubre, centro de Guayaquil. La ciudad cumple 478 años de su proceso fundacional.

Niñas y adolescentes efectuaban distintas coreografías al llegar a la intersección con General Córdova. Ronald Tamayo, de 24 años, guiaba a una veintena de niñas que repetían varios pasos de ballet. El grupo se preparó seis meses en el Cami de Fertisa, en el sur. Las pequeñas vestían mallas negras con moños rosados en el cabello.

En cambio, un grupo de mujeres llevaba el traje tradicional de criolla bonita: falda larga con franjas celeste y blanco, sombrero blancos, sombrilla, blusa de randa blanca. Una de ellas era Lorena Martínez, de 62 años, quien hace bailoterapia en el Guasmo Central. "Me siento mejor en comparación con lo que yo era antes, que no podía ni levantarme", dijo.

Durante la coreografía, las mujeres movían sus faldas al son del Guayaquileño, madera de guerrero. Sobre la plataforma de un cabezal, se exponían muñecos hechos con fómix por las estudiantes de manualidades. Detrás del ve­hículo caminaba la maestra Nancy Cordero junto a sus alumnas.

Al final estaban los estudiantes de los Cami de Arte. Jóvenes con antifaces, 'garotas' y zanqueros bailaban samba. Yadira Castro, de 19 años, estudia desde hace dos años en El Cisne 2, en el Suburbio. Aprendió a moverse sobre zancos, a actuar como mimo y a dar formas a los globos. Con eso se sustenta económicamente mientras estudia Ingeniería Civil. Actualmente cursa el preuniversitario.

Hoy, a las 07:00, las campanas del Reloj Público, en el malecón, vuelven a sonar, tras un siglo de silencio. Así se iniciarán oficialmente las fiestas julianas.

Melvin Hoyos, director municipal de Cultura, informó que el repicar de las campanas, luego de la reparación del reloj por la firma mexicana Relojes Olvera, tras un siglo de silencio, marcará nuevamente el ritmo de la urbe porteña.

Este ícono de la ciudad fue traído desde Londres por el gobernador de Guayaquil, Vicente Rocafuerte, en 1842. En agosto de 1930 comenzó la construcción de la Torre Morisca y cuatro años después fue inaugurada. Desde entonces conserva su edificación actual a la altura de la calle 10 de Agosto.

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