Julio Echeverría

Yasuní y la democracia

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11 de May de 2014 00:01

 La anulación de las firmas presentadas por el movimiento Yasunidos, realizada por el Consejo Nacional Electoral, no solamente pone en evidencia la vacuidad del discurso de la participación ciudadana con el que este Gobierno se presenta y se vende, sino que termina por deslegitimar a aquella institucionalidad sobre la cual debería construir su modelo de democracia plebiscitaria, esto es el llamado 'poder electoral'.

La lógica plebsicitaria estuvo presente desde los inicios de la revolución ciudadana; mediante consulta popular se validó en 2007 la disolución del Congreso y la convocatoria a Asamblea Constituyente. En las urnas se aprobó en 2008 la nueva Constitución. En consulta popular se definieron temas tan dispares como el régimen de comunicación, de seguridad social y hasta la eliminación de casinos y juegos de azar. La revolución ciudadana ha acudido a la democracia plebiscitaria cuantas veces ha querido para desmantelar el sistema de partidos, para legitimar su diseño institucional hiperpresidencial, para concentrar el poder a nombre de los ciudadanos.

Para los artífices del modelo instalados en la Asamblea de Montecristi, la democracia directa participativa aparecía como una construcción institucional que debía sustituir o dominar a la 'vieja y anquilosada' democracia representativa; aquí radicaba el sentido de su diferenciación con la "partidocracia", a la que se la presentaba como un mecanismo de toma de decisiones alejado de los ciudadanos, donde una élite de poder definía los destinos del país. En su lugar se buscaba la expresión directa de la ciudadanía, su intervención en la toma de decisiones mediante justamente el mecanismo de las consultas populares. En este modelo, el poder electoral debía convertirse en eje de legitimación, demostrando independencia, transparencia e imparcialidad. La sospecha de que el Consejo Nacional Electoral ha procedido de manera sesgada para favorecer la opción de la explotación del Yasuní, desbarata este eje central del modelo de la revolución ciudadana.

Más importa la pragmática de los intereses que la racionalidad del modelo, la participación ciudadana termina en retórica vacía y se vuelve peligrosa cuando las personas concretas impugnan las políticas públicas que les afectan directamente (como en los casos de las comunidades amenazadas por actividades extractivas), o cuando un grupo ciudadano reivindica la convocatoria a una consulta para definir una cuestión tan trascendental para el país y la humanidad como el cuestionamiento del modelo de desarrollo extractivista.

Con esta operación del poder electoral, se deslegitima una instancia fundamental para la sustentación de la democracia. En la lucha por el Yasuní no están en juego solamente derechos que son irrenunciables, como la existencia de los pueblos no contactados y la conservación de ecosistemas únicos en su biodiversidad, está en juego el sentido mismo de la democracia.