Marco Arauz

¿Y ganó Correa?

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2 de March de 2014 00:01

 Solo horas después del remezón del 23F, voces de AP hacían notar que siguen siendo la mayor fuerza y que la derrota en las principales ciudades es, a lo sumo, 'cualitativa' y no 'cuantitativa', pues el número de municipios y prefecturas en su poder sigue siendo significativo.

Y si bien algunos reconocieron el dolor de perder Quito, apenas si se escuchó el eco de las admoniciones sobre su significado para la continuidad del proyecto. AP ganó… Avanza se considera también ganador. Aprovechó para crecer silenciosamente y ahora su líder, Ramiro González, desde las entrañas del Gabinete, está en capacidad de ofrecer apoyo al Gobierno -no a AP, como ha aclarado en medio del ajuste de cuentas que deja mal parados a quienes el presidente Rafael Correa califica de sectarios en su movimiento. Con toda seguridad las otras fuerzas vigilarán a Avanza más de cerca a partir de hoy.

SUMA, del alcalde electo Mauricio Rodas, también se cuenta entre los ganadores. A condición de manejar bien su capital político en una Alcaldía difícil como la de Quito, pudiera proyectarse hacia nuevos desafíos. Al PSC del reelecto alcalde Jaime Nebot lo embarga la satisfacción de haber resistido bien la erosión que experimenta en los últimos años.

En la lista de ganadores también se han anotado quienes creen que el del domingo fue un campanazo, un despertar de la conciencia ciudadana que se había amodorrado, por miedo o por comodidad, frente a un estado de cosas en el cual la participación social había sido delegada a un gran ejecutor bien intencionado, que podía darse el lujo de cometer excesos propios de su carácter para cumplir con los sagrados objetivos nacionales.

¿Todos ganamos? Qué bueno, ya podemos volver tranquilos a la vida real después del Carnaval. Pero las cosas no son tan fáciles. Para empezar, Correa es un líder cuya mayor debilidad es el envés de su mayor fortaleza: dirigir personalmente y sin estructura partidista su proyecto, lo cual ha significado concentrar hasta límites agobiantes el poder, descalificar a otros actores, querer hacer coincidir sus convicciones personales con las del país.

Si AP no entiende que estas elecciones cuestionaron lo que hasta hace poco era una realidad -la capacidad del Presidente de endosar su popularidad a quienes se pararan junto a él para la foto- seguirá sometido al vértigo que entraña ganar 'todo, todito' o perder 'todo, todito'. Es increíble que en lugar de emprender en construir una organización que vaya más allá del líder, lo primero que se le ocurre a AP es abrirle a Correa el camino de la reelección.

En cuanto a quienes ven los resultados de las urnas como un signo de cansancio frente a la seguidilla de errores que afectan valores más allá del consumo y la obra pública, la mala noticia es que quizás se estén creando las condiciones para un cambio, pero en esta materia nada será gratis.