Miguel Rivadeneira

Antes y después de los gringos

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21 de May de 2012 00:01

El Gobierno tiene el mandato de defender la soberanía nacional y la atribución de tomar sus decisiones en política internacional, incluida las relaciones con los países que desee, pero debe asumir su responsabilidad histórica.

Hace tres años, con el aplauso de muchos y con un mandato constitucional, no renovó el convenio con EE.UU. para el uso de la Base de Manta, que había firmado en 1999 el régimen de Mahuad. Se cedió el acceso y uso de la Base para la lucha contra el narcotráfico. Construyeron y mejoraron la pista. Fijaron el Puesto Militar de Avanzada que les permitió un gran accionar.

El convenio mereció cuestionamientos de orden nacionalista e ideológico. Uno de ellos por el doble discurso y doble moral atribuido al Gobierno de EE.UU. por su mercado de consumo y a la par la exigencia a países andinos por el cultivo, refinación y envío de la droga. Hubo críticas a su actuación por la información cerrada que manejaron e incluso denuncias de abusos por el hundimiento de barcos, que quedaron en la impunidad, pero ayudaron a la captura de más de 1 700 toneladas de drogas ilegales en las costas del Pacífico en 10 años, según el último reporte. Trajeron aviones Awacs y Orion, con última tecnología y radares, que les permitía desde el aire, las 24 horas del día, obtener toda la información que querían, a grandes distancias, que no diferenciaba solo el narcotráfico. Arriba de los 35 mil pies de altura veían con claridad los movimientos en tierra, mar y aire. Por ello la presunción que desde allí se contribuyó para el ataque certero de fuerzas regulares de Colombia a Angostura, en territorio ecuatoriano, que mató a guerrilleros de las FARC pero llevó al Gobierno Nacional a protestar, con razón, pero exagerar con la ruptura de relaciones.

Tras la salida de la misión quedó una preocupación: no solo Manta (que había iniciado un gran desarrollo) sino Manabí viven una grave situación de violencia, una zozobra permanente por el tráfico de drogas, el encuentro de laboratorios y como secuela asesinatos a diario atribuidos al sicariato. Una evidencia más fue la avioneta mexicana que de no mediar su choque hubiese llegado tranquilamente a su destino.

Hoy existen radares y aviones nuevos, pero ¿dónde están los resultados de los controles en lugar de justificativos? Más allá de los dogmas, discursos ideológicos y de crítica a las políticas norteamericanas, en varios casos justificada, en la vida debe prevalecer el pragmatismo. EE.UU. contribuyó a detectar y desbaratar acciones del narcotráfico. Hoy, los carteles de la droga, conectados con México y Colombia, han perforado el país y también violan la soberanía. ¿Qué resultó peor: la alianza con los gringos o la creciente presencia del narcotráfico? Los resultados están a la vista aunque se intente minimizarlos irresponsablemente.