Washington Herrera

La crisis griega

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Esta sí es una crisis. Estar endeudado en el 177% del Producto Interno Bruto es algo muy complejo para cualquier país y requiere una acción efectiva de los acreedores para reestructurar pragmáticamente esta deuda. Para eso, Grecia precisa un programa efectivo de desarrollo productivo de su agricultura, industria, turismo y pesca, que genere excedentes y una disminución del gasto público para ahorrar y hacer frente a un compromiso de pago gradual y a largos plazos.

Hablar de esto es fácil, lo difícil es corregir los errores, como haberse endeudado para pagar deuda con más deuda y demostrar que “los griegos no son perezosos”.

Grecia, al entrar en la Unión Europea (UE), recibió una ayuda financiera sostenida, del mismo modo que España y Portugal, con un programa destinado a disminuir las asimetrías que prevalecen con los otros países y capacitarles a soportar la libre competencia en virtud del mercado común.

Pero igual creció la deuda a  320 000 millones de euros, no obstante haber recibido un rescate en 2010 de  110 000 millones de euros y otro rescate de 109 000 millones en 2011.

Al asumir el euro, Grecia perdió la capacidad de conducir su política monetaria y de manejar su política fiscal y presupuestaria, porque debe regirse por las normas comunitarias de la Unión Europea.

Entonces, sus grados de libertad para conducir la economía son muy limitados, por lo que era necesaria una consulta política al pueblo, para ver si acepta o no las exigencias de los bancos acreedores que implican sueldos bajos, eliminación de subsidios y comprometerse a pagar la deuda total, cohonestada por los bancos prestamistas a los que les interesa ganar la mayor rentabilidad posible sin tener en cuenta el destino de los países.

Al ganar el No en el referéndum, Grecia sigue estando contra la pared, pero adquiere fuerza política para reforzar su poder de negociación y obtener liquidez para el funcionamiento de la economía y de su sistema bancario y así evitar un caos social, considerando que Grecia debe poder controlar mejor al capitalismo financiero y modernizar su sistema de impuestos y gastos, especialmente monitoreando las excesivas facilidades para los jubilados que consumen el 16% del PIB, elevando el IVA turístico disminuido en exceso y bajando el elevado gasto militar.

Lo que está en juego no solo es la permanencia de Grecia en la Unión Europea y el regreso de la dracma como moneda nacional, sino la recuperación del Estado social de un país que necesita la cooperación sostenida de los acreedores, que beneficie a todos los involucrados.

El pronunciamiento de los electores griegos a través del referéndum llevará al eurogrupo a blindar la irreversibilidad del euro y a evitar el contagio a otros países. Frente a esto es de esperar un resultado pragmático que tranquilice los mercados y atienda al bien común del pueblo griego.