Rodrigo Borja

‘Wall Street’

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Se denomina así una pequeña y estrecha calle del sur de la ciudad de Nueva York, de menos de un kilómetro de longitud, en cuyos tempranos tiempos fue una vía construida a lo largo de una pared levantada en 1653 para proteger, durante la era colonial, el bajo Manhattan -que era la parte holandesa de la ciudad- de las incursiones de sus vecinos, los colonos británicos del norte, que terminaron por echarla al suelo 46 años después.

Este es el origen de su nombre: la “calle de la pared”, es decir Wall Street. 
En ella se encuentra emplazado hoy el más importante centro financiero del mundo, hasta el punto que el nombre de la calle se ha convertido en el símbolo universal del capitalismo. O sea el símbolo del poder y del dinero y también el símbolo del poder del dinero.


La calle está escoltada por viejos e imponentes edificios que albergan a las más importantes empresas financieras del mundo. Allí están la Bolsa de Valores de Nueva York -fundada en 1792-, el Morgan Guaranty Trust, el Bank of Tokyo, la Irving Trust Company, el Seamen’s Bank for Savings, el Manufacturers Hanover Trust, el Bank of New York, el Citibank, el Deutsche Bank, el Commerce Bank y muchas otras instituciones financieras de ámbito mundial.
La calle nace en la intersección con Broadway, donde está situada la pequeña iglesia gótica de La Trinidad, levantada en 1697.

En medio de sus señoriales edificios se levanta, con su fina arquitectura de estilo griego clásico, el “Federal Hall National Memory”, construido en 1842, en donde se han efectuado históricas ceremonias de la vida política norteamericana, tales como la reunión del Congreso de Estados Unidos inmediatamente después de la revolución de la independencia y la ceremonia de asunción del poder de George Washington -el primer presidente norteamericano- en 1789.


La primera orden de negocios allí fue la de 80 millones de dólares en bonos emitidos por el Gobierno para financiar el costo de la guerra de la independencia. Los papeles se vendían en la calle. Ese fue el precedente de la Bolsa de Valores de Nueva York, que en 1903 se trasladó a su propio edificio, que es el mismo que hoy ocupa.
Hacia 1850, con la fiebre de los ferrocarriles, Wall Street vibraba de actividad ferrocarrilera.

Y su influencia se esparció por el mundo y llegó a Ecuador a fines del siglo XIX, con la construcción de nuestro ferrocarril transandino, y a otros países latinoamericanos.


En sus 300 años de historia Wall Street estuvo inseparablemente ligada a los nombres de los grandes capitanes de la banca, las finanzas, los seguros y la industria estadounidenses, tales como Andrew Carnegie, John D. Rockefeller, J. P. Morgan, los “barones” del caucho, los magnates del acero y los promotores de los ferrocarriles en el mundo, puesto que desde allí se impulsó financieramente la construcción de este nuevo medio de transporte, dentro y fuera de EE.UU.