Farith Simon

Vuelta al pasado y retroceso

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El “Plan Nacional de Fortalecimiento de la Familia”, que reemplaza al programa de prevención del embarazo adolescente, ha sido elaborado -en mi opinión- en clara contradicción con una de las características centrales del Estado ecuatoriano: su carácter laico.

En las primeras páginas del Plan se incluye una particular descripción de lo que sus autores entienden por estado laico: “...es aquel que no ampara una religión como oficial, pero tampoco la niega y menos aún se opone. Reconoce la religión como una dimensión del hombre y de la cultura. De esta manera, el estado laico es distinto al estado laicista (el estado laicista excluye toda religión y, en algunos casos, se opone a ella.

Es decir, el estado laicista es totalmente diferente al estado laico) y al estado confesional (el cual hace suya, oficialmente, una confesión religiosa”. Una definición hecha a la medida de quien considera que sus creencias personales y su religiosidad son el canon para la vida de todas las personas.

La concepción del laicismo usada en el Plan puede llevar a un error fundamental: hacernos creer que al Estado le corresponde respaldar la existencia de la religión porque es una “dimensión del hombre y la cultura”; cuando un estado laico debe ser independiente de toda confesión religiosa, guardar neutralidad, no atacarlas o promoverlas, tratándolas al mismo nivel de otras formas de pensamiento, espiritualidad o comprensión del mundo, incluidas las creencias agnósticas, ateas o animistas, por mencionar unas pocas alternativas.

La pluralidad, diversidad y variedad de formas de vida son la base de una sociedad democrática, el único límite a esa pluralidad es la afectación a los derechos de otras personas; el respeto a la autonomía es la base sobre la que deberían sustentarse las decisiones sobre un ámbito de nuestra vida en que el Estado no tiene cabida.

Desde su nombre, el Plan Familia es un excelente ejemplo de una imposición valorativa por fuera de la Constitución, se privilegia a una forma de “familia”, cuando en el texto constitucional se reconoce y protege a las “familias” en plural.

Para darle “un tono científico a las preferencias morales y valorativas, el documento ha sido llenado de datos, citas, referencias, muchas de ellas desactualizadas o tomadas de fuentes imprecisas o cuestionables. Por ejemplo, las opiniones de un académico especialmente conocido por su homofobia.
La descripción que se hace del estado laico pone en duda la objetividad y rigurosidad de todo el documento, una duda que -en mi caso- ha crecido al revisar varias de sus afirmaciones y las fuentes que lo sustentan.

Estas dudas -compartidas por muchas otras personas- serían poco trascendentes de tratarse de un documento privado, pero no, es la base de una políticapública que pretende, mediante una serie de eufemismos, imponer a toda la sociedad, opciones valorativas con respecto a cómo vivimos.

Con el Plan Familia el Gobierno ha demostrado que existen temas en los que prefiere volver al pasado, con un efecto regresivo en algunos derechos.

@farithsimon