Rubén Loza Aguerrebere

Una voz
 militante

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26 de julio de 2014 00:05

Rubén Loza Aguerrebere
​El País, Uruguay, GDA

Santiago Dossetti diría que ella “pasó del sueño chico al sueño grande”. El pasado domingo 13, mientras dormía, murió la escritora Nadine Gordimer, premio Nobel de Literatura de 1991, a los 90 años, en su Johannesburgo natal.

Fue una de las voces esenciales contra el “apartheid”, con una rica y caudalosa obra literaria, donde debemos mencionar títulos como “Un mundo de extraños”, “La hija de Burger” y, entre otros, “Un invitado de honor”.

Fue una viajera incansable, con largas estancias en las universidades de Harvard, Princenton y Columbia.

La escritora, cuando ya merecido el Nobel de Literatura, estuvo de visita en nuestro país, donde dio una inolvidable conferencia en el Edificio Libertad, durante la segunda presidencia del doctor Julio María Sanguinetti.

Habló sobre los escritores y la tolerancia en los tiempos de paz.

Recuerdo, no sin emoción, que ese día tuve el honor dar las palabras de bienvenida a la destacada autora.

Nadine Gordimer nació en la República Sudafricana en 1923.
Gordimer vivió en Johannesburgo y, como dijimos, recorrió el mundo.

Sus libros de ensayos dan cuenta de su interés por las letras modernas, en especial los escritores latinoamericanos.

Escribió con admiración sobre García Márquez y Mario Vargas Llosa. Y repitió también estas palabras rotundas: “Casi es innecesario nombrar a Borges; Borges es el único sucesor de Franz Kafka”.

La de Nadine Gordimer es una obra militante contra el “apartheid”, y fue desarrollándose en forma cada vez más compleja.

Escribió sobre la realidad sudafricana desde dentro y fuera de sus criaturas, planteando con intensidad las aristas más sobresalientes del conflicto racial.

Fueron sus temas la imposibilidad de la realización personal en el “apartheid”, así como la caída de las familias blancas conservadoras y la imposibilidad de mantenerse intangible en una sociedad que imponía sus leyes.

Y escribió, asimismo, sobre los sucesos que siguieron a la independencia de un país africano, cuando los blancos entregaron el poder, abriendo interrogantes profundas a propósito de un abanico de complejidades.

Su vasta obra se sustentaba en una frase que solía repetir.

Decía: “El trabajo cultural del escritor blanco consiste en despertar la conciencia de los blancos, quienes, a diferencia de él, todavía están dormidos”.

En sus colecciones de cuentos, a su vez, Nadine Gordimer alcanzó un poderoso impacto, al trabajar sobre espacios breves.

De esa manera sus narraciones alcanzaron mayor intensidad, pues el mundo de sus criaturas se sobreponía al mundo en torno. Mostraban a una autora que conocía los secretos del corazón humano y cuanto latía en esa zona desgarrada llamada el alma.

Leer a Nadine Gordimer es un homenaje que nos enriquece.