Grace Jaramillo

Volver a tener Estado

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Apenas hace unas semanas, Taylor Weyeneth anunció su renuncia como Zar Antidrogas alterno de la administración Trump. Weyeneth había sido nombrado a pesar de tener apenas 24 años de edad y no más experiencia laboral que haber sido un ferviente asistente de campaña de Trump.

Este es tal vez el peor ejemplo, pero no el único. Trump ha insistido en nombramientos que tiran al piso cualquier leve idea de meritocracia o por lo menos mediana competencia. Betsy DeVos está a cargo de Educación Pública, algo de lo que demostró no tener idea. Scott Pruit llegó a dirigir la agencia de Protección Ambiental, con el único mérito de ser un abogado obsesionado con negar el cambio climático.

No es casual, tiene un propósito. Los populismos nacionalistas –de izquierda o derecha- sólo tienen un principio: la supremacía del líder y de su pensamiento. Nadie le puede hacer sombra y ellos reemplazan las instituciones, la ley y al estado de mismo. ¿Recuerdan aquella frase “el Presidente de la República es el jefe de todos los poderes del Estado…”? En Ecuador fue la prueba misma de un sistema basado en lealtades ciegas, dogmas establecidos y cero análisis racional de la realidad real, mucho menos políticas concertadas, o consolidación de una carrera de ascensos por méritos, conocimiento, experiencia, donde los más preparados y con reconocido prestigio profesional –no los más fieles- sean los que lleguen. Esto es lo que se llama “consolidación del estado”. Yo añadiría: un Estado Inteligente que no es necesariamente grande o pesado, sino profundamente profesional y eficiente.

Como Trump, Correa puso muchos ministros, secretarios de agencias y empresas públicas a personas apenas salidas de la universidad ó sin mayor trayectoria o conocimiento del tema, desde la Presidenta del Congreso hasta ministros de Educación, RR.EE., Defensa y de Economía y Finanzas, convirtiendo el manejo del Estado -como decía Manuel Chiriboga- en apenas un mal juego de sillas. Eso sin contar con jueces, congresistas, diplomáticos y otros funcionarios de menor rango que convirtieron el lema de “volver a tener Estado” en una mala broma.

En la consulta popular todo indica que el sí ganará masivamente. Pero la ganancia del sí es apenas una ventana de oportunidad para reconstruir la institucionalidad perdida. Sin un compromiso multipartidista para construir ese Estado inteligente y apto, empezando por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, regresaremos a lo mismo. Para empezar de nuevo, la única afiliación posible de sus miembros debe ser con el Ecuador. Muchos personajes brillaron con luz propia: Julio César Trujillo, Roque Sevilla, Nelsa Curbelo, Marta Roldós, Fernando Villavicencio. El Ecuador sabrá si Lenín es serio con su compromiso de cambio si deja a un lado la endogamia verdelimón atrás y escoge personajes con probada legitimidad social para el proceso de transición.