Alexandra Kennedy-Troya

Volver a mirar

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8 de August de 2013 00:01

Ser docente significa simple y llanamente coordinar las formas y fuentes del conocimiento. Eres como un mago que das sentido a las cosas que pretendes apenas develar, el resto lo debe hacer el mismo pupilo. Conocer no es temer la presencia del profesor, someterse con terror a un examen y desear a toda costa una calificación alentadora aunque no te la merezcas. Aprender es saber tener curiosidad para buscar, para dudar cuando hay que dudar, para resolver problemas de la mejor manera, para saber que el conocimiento continúa, se amplía, se profundiza, se multiplica, más allá del profesor. Hay textos que están de veras obsoletos, otros nuevos investigadores han superado lo anterior, han vuelto a mirar con nuevas herramientas.

A qué viene todo esto, me dirán los lectores. Es que ni un solo día de la vida dejo de pensar y reflexionar sobre mi papel como docente e investigadora, y una noticia anodina, aparecida en un periódico local llamó mi atención. "Sabogal en la mira", decía la pequeña nota sobre este pintor peruano. Lo cierto es que se trata de la mayor exposición que se haya realizado de un artista indigenista y su entorno, en el mundo andino. Curada por Majluff y Wuffarden, historiadores de arte peruanos, la exposición de más de 300 obras se presenta en el Museo de Arte de Lima hasta noviembre (MALI). Mucho se ha hecho en México sobre el tema, muy poco en Sudamérica, a pesar de que supuso un remezón en el mundo de las artes y de la literatura entre 1930 y 1940. Precisamente, este dinámico y comprometido momento político y cultural que tuvo secuelas importantes ha llegado hoy con poco conocimiento por parte de nuestros estudiantes y del público en general. Quizás por ello el MALI de Lima nos lleva a volver a mirar a través de este artista, un momento clave de la historia de nuestros pueblos.

En nuestro país si acaso se piensa en indigenismo se recuerda el "Huasipungo" de Icaza que nos obligaron a leer en la escuela (si lo hicieron) y en las manos de Kingman o los dolorosos "caminos" de Guayasamín que nuestros padres nos contaron o que vimos en algún afiche turístico. Quizás ni siquiera esto. En ocasiones alguna tesis extranjera convertida en libro por alguna editorial norteamericana vuelve a remover el tema en el pequeño mundo de la academia. Hablo de Michelle Greet con su iluminadora obra sobre indigenismo ecuatoriano publicada hace un par de años. Por lo demás, siguen actuando los estereotipos, el conocimiento obsoleto repetido al cansancio que no retoma el sentido de lo vivido en el tiempo transcurrido. Deberíamos animarnos a revisitar este período a través de una buena exposición, de un buen libro, programas educativos y finalmente incorporar las experiencias a los nuevos manuales de historia del Ecuador.