3 de December de 2012 00:01

Todas las voces ¿todas?

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La música crea comunión de emociones. La canción en particular puede volver aún más explícitas ideas, sueños y desazones. La empatía crece cuando se compaginan y complementan ritmos y sonidos para dar sentido a la palabra. El festival de la canción Todas las voces todas, miércoles, fue una disputa entre estos aspectos debido al tránsito hacia un pluralismo de expresiones, abandonando el predominio de lo que fue la canción épica de izquierda conosureña, que a veces tuvo un toque boliviano o católico. Algunas imágenes dicen de esto.

Estuvo la canción intimista de H. Hidrovo al son de su guitarra. No faltó el canto épico, cuasi marcial, que se quiere de reivindicación, de los Inti Illimani y Pueblo Nuevo. La música evocaba identidad con un significado dado a la canción en el pasado.

Plaza llevó al paroxismo a un público en comunión con sus letras intimistas de amor, desamor o seducción propias a la vida. El grupo Cabas llevó la cadencia tropical al cuerpo, en un esfuerzo de innovación de ritmos colombianos con una pizca de jazz o rock o con una exploración propia. Los instrumentos se mantenían en su ritmo de origen, sin acallar al conjunto, mostraban su singularidad. Diferente de los ritmos épicos que ahogan la intimidad y la sensibilidad del pasillo con tantos sonidos e instrumentos.

La voz serena y tierna de Joan Báez, la sorpresa, sola con su guitarra, sin gran volumen, hizo precisamente que letras, ritmo y sonidos se conjuguen. Báez cantó sentimientos íntimos, las desigualdades que marcan la vida, sin discursos, con la expresión de la vivencia, entre otros de las mujeres; su voz suave hizo más sensible a la insuperable ‘Gracias a la vida’ que en dúo con Margarita Lasso, selló un punto culminante de emociones entre ritmo simple, arte de la voz y letra.

Fue una renovación del repertorio de la nostalgia de la izquierda. El tránsito está bien anunciado, su consolidación es a esperar.

Como en los hechos, la izquierda que se ve en héroe y actor épico, de batallas, tiros y clandestinidad, cede paso a la que valoriza el sentido de proceso, de lucha social sostenida, no los milagros del momento. Las canciones y músicas en juego muestran este desplazamiento del chauvinismo y heroísmo que se complacían a sí mismos, con cantos de puño en alto a pesar de encarnar su derrota histórica; ante otra que parte de la persona, de sus gestas y derrotas diarias, de sus sueños como parte de una sociedad que piensa más en el trabajo de largo plazo, con cambios duraderos al ser ella la protagonista.

Este festival quiere ser de todas las voces, pero de hecho encarna una cultura de clases medias con su visión de la “buena” música. No son todas las voces, aunque ya son más plurales. Son un sector que domestica la música popular, la del indígena o del afrolatinoamericano, los cuales en cambio no se reconocen en la estilizada música que pretendemos es mejor.

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