Alfredo Negrete

El vivo y el difunto

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Si por algo será recordada la inauguración del edificio de Unasur en Quito, será el contraste entre dos personajes: José Mujica y Néstor Kirchner. Vivo el Presidente uruguayo, fallecido Néstor Kirchner, el argentino. Estaba prevista la inauguración del edificio y el monumento al líder argentino en homenaje por haber sido el primer ejecutivo de la siempre joven y nunca madura organización continental. Debe ser por esa causa y no por su gestión, pues está todavía muy cercana su trayectoria por la Casa Rosada. Solo el paso del tiempo y rezagadas las aguas de las polémicas políticas permitirán evaluar y justificar este homenaje en el cual participó el Ecuador no solo como gobierno sino como Estado. En el acto solo faltó la letra de Hugo del Carril: “Los muchachos peronistas / todos unidos triunfaremos / y como siempre daremos / un grito de corazón/: ¡Viva Perón! ¡Viva Perón!

El otro vivo, achacoso, con impedimentos físicos para llegar a la capital, fiel a su estirpe oriental dio un verdadero “maracanazo” de popularidad. Para él, su familia y muchos de sus compatriotas iba a recibir un reconocimiento más a su vida pública: desde la guerrilla, la cárcel y el poder. Nada más; sin embargo, las cosas salieron diferentes, al extremo que se encendió una polémica en Ecuador, país anfitrión.

En el discurso de bienvenida pronunciado por la vicealcaldesa de Guayaquil Doménica Tabacchi, quedaron claras las apreciaciones sobre la vida del ilustre huésped. Fue un discurso muy elaborado, prendado al inicio con nerviosismo, pero luego alcanzó un gran dominio escénico que muchos de los aspirantes al poder quisieran tener. El contenido fue elocuente y preciso, sin dejar pasar la oportunidad para señalar el contraste entre los aspirantes al poder indefinido y los que respetan la alternabilidad como parámetro fundamental de la democracia.

El capítulo hubiera quedado cerrado, pero la reacción oficial se chantó el guante y explotó cuando todo debió quedar concluido con la inauguración de la pirámide de Keops No. 2 en la Mitad del Mundo. La iracundia no se detuvo en el contenido del discurso sino que se centró en la protagonista. Fue descalificada por sus rasgos raciales, nombre y apellido.
Ojalá que la funcionaria municipal no atice una hoguera sin sentido. Lo que expresó lo dijo bien e hizo justicia con un uruguayo como José Mujica. Se desconoce si su figuración pública continuará en medio de los celos y el machismo que caracteriza a la política del país. Sin embargo, cosa curiosa, el tono de sus expresiones, hizo recordar a Juan Pablo II cuando en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, refiriéndose a una oposición desorganizada frente a la dictadura, evocó las palabras de Jesús ante la hija de Jairo que se moría y levantó sus brazos al cielo, según San Marcos, y dijo: “No está muerta, está dormida”. Recuerdos, pues en el Ecuador no está dormida, sino ciega, sorda y muda.

anegrete@elcomercio.org