Sebastián Hurtado

Vivir del cuento

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8 de May de 2012 00:02

Lo que ha ocurrido durante los últimos meses en la industria del transporte aéreo local, ilustra claramente el nocivo efecto que los subsidios indiscriminados a los combustibles está teniendo en la economía.

Desde que a inicios de año el Gobierno decidió eliminar el subsidio a los combustibles de aviación, las cuatro principales aerolíneas que operan en el país atravesaron un proceso de ‘reestructuración’ que les ha obligado a despedir más de quinientos empleados, a incrementar los precios de sus pasajes y a cancelar muchos de sus itinerarios regulares. Si bien, por razones políticas, algunas de ellas han negado públicamente que los ajustes se deban a la eliminación del subsidio, representantes del sector habían anticipado esos efectos cuando las autoridades hicieron el anuncio a fines de 2011.

Es que conservar los mismos precios, empleos e itinerarios únicamente tiene sentido económico si el Gobierno tiene la ‘amabilidad’ de hacerse cargo del 40% de la cuenta de combustible, usualmente uno de los costos más importantes en el transporte aéreo. Se trata de precios, empleos e itinerarios de ‘ficción’ que jamás habrían existido de no mediar un importante subsidio gubernamental. Sólo podemos imaginar el efecto que tendría en la economía ecuatoriana una eventual eliminación del resto de los subsidios a los combustibles -el de la gasolina de aviación representa apenas una fracción- que en los últimos cinco años han promediado la escalofriante cifra de casi USD 4 000 millones anuales.

La masiva ‘reestructuración’ que tal ajuste requeriría, probablemente costaría decenas de miles de empleos y un menor nivel de producción en una economía que se ha acostumbrado a ‘vivir del cuento’, gracias a los significativos subsidios con que opera.

Muchos critican tales subsidios bajo el argumento de que benefician injustamente a empresas y personas que no los merecen, cuando podrían destinarse a propósitos más ‘loables’. Sin embargo, su efecto más nocivo tiene que ver con las distorsiones que generan en la competitividad general de la economía ecuatoriana que, como en el caso de la industria de aviación local, se ha acostumbrado a operar con costos ficticios.

Para entender la gravedad de la situación, basta mirar el caso de las economías vecinas de Perú y Colombia que, a pesar de operar con combustibles que son dos o tres veces mas costosos que en el Ecuador, aparecen mejor posicionadas en todos los rankings internacionales que evalúan la competitividad de los países.

Esta situación está lejos de cambiar -el Gobierno acaba de anunciar un nuevo subsidio a los transportistas para mantener artificialmente bajos los costos de pasajes terrestres en un año electoral- por lo que la economía ecuatoriana continuará‘viviendo del cuento’ durante algunos años más, en claro perjuicio a su competitividad de largo plazo.