Jorge León

¿Cuál visa para proselitismo?

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¡Qué intolerancia y falta de pluralismo del gobierno! Sus sanciones a oponentes extranjeros desdicen la tradición ecuatoriana de acoger a todos. Solo la derecha extrema ha hecho lo mismo que Correa. Los justificativos dados son endebles.
A una militante de derecha, Lilian Tintori, se negó el ingreso a Ecuador y con ello que exprese sus ideas, sería incompatible con su visa de turismo. Entonces, ¿cuál es la visa que permite proselitismo político? No existe.

Moreno al apoyar esta decisión, no da signo positivo. Correa proclamó la ciudadanía universal. Sirvió a traficantes de personas y migrantes. En cambio, en Ecuador, con justo derecho, circularon defensores del gobierno, para seminarios “políticos”, encuentros con AP, participar en sus actos y en la prensa, Iglesias de España o Ramonet, o tantos otros.

Los ecuatorianos, los del gobierno primero, en Italia, Estados Unidos, Francia, Alemania emitieron posiciones sobre sus políticas. Es lo que corresponde en democracia y pluralismo.
En cambio, Correa ha condenado y sancionado a las organizaciones políticas porque “hacían política” cuando emitían criterios sobre sus políticas.

Podemos no compartir las posiciones de L. Tintori, pero no justifica prohibir que venga a expresarlas. Aparece un Ecuador autoritario, amante de una línea.No se defiende una tendencia política encerrándola, sino enfrentando a las ideas diferentes. Encerrarse es empobrecerse. Es complacerse de sí mismo; no permite la crítica indispensable para mejorar. Atacar al contrincante puede hacer que se dure más en el poder, pero no crea cultura política para su posición, al contrario la devalúa, pues no sabe como enfrentar la sociedad, la diversidad de la realidad, sino que se construye en dogma, por lo mismo intocable que solo admite que lo ensalcen y ratifiquen.

Correa deja de herencia política a AP este pernicioso dogmatismo, pues además de no tener programa, está hecho de parches que solo el caudillo da sentido.

Se evade el debate de ideas, la confrontación de hechos y se limita a condenar al oponente. Un dogmatismo autoritario que preserva un sistema sobre el cual el gobierno considera que el pueblo no puede oír cuestionamientos. Así construye silencio, no el de ausencia de palabras, sino el de prohibiciones de lo que no se puede ver ni decir.

Correa pide al pueblo que “confíe” en él y desoiga a los otros, quiere el monopolio para los que hacen “revolución ciudadana”, es decir nada ciudadana, es sin participación ciudadana, a menos que apoye al gobierno. Es acaso esto que ahora está más en juego en el continuismo.

El Gobierno desprestigia la izquierda al defender al mayor fracaso de gobierno alguno, con tanto dinero, que es Venezuela y que se pretende de izquierda. Ni ápice de crítica que impone el silencio como Maduro.

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