Emilio Godoy

Violencia y la mente

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11 de June de 2012 00:00

Desde la desaparición en mayo de 2011 de su hijo Jethro, el mexicano Héctor Sánchez encontró en el activismo la forma de soportar su duelo. Hasta ahora rechazó el apoyo psicológico ofrecido por la Procuraduría (Fiscalía) General y de organizaciones de derechos humanos.

"Lo sobrellevamos con mucha actividad, con el proyecto del centro educativo. Así desahogamos el dolor", relató a este hombre de 59 años, dueño de un negocio de partes de automotores.

El ingeniero electromecánico Jethro Sánchez fue capturado por policías municipales en la ciudad de Cuernavaca, 89 kilómetros al sur de la ciudad de México. Era sospechoso de pertenecer a una organización criminal. Luego fue entregado a soldados, quienes lo torturaron y lo asesinaron.

Su cuerpo fue hallado en agosto de 2011 y ahora tres militares permanecen detenidos a la espera del juicio por este crimen.

Casos como el de la familia Sánchez evidencian la aparición del trastorno de estrés postraumático (TEPT) o depresión aguda a causa de la creciente violencia en México. Científicos han comprobado que comunidades y militares involucrados en conflictos armados abiertos o irregulares se exponen a sufrir este síndrome, un problema severo de salud.

"El trastorno se contagia rápidamente en poblaciones de México que ya registran niveles elevados asociados con la violencia. Detectamos patrones similares, el contagio de estrés es directamente proporcional a la exposición a medios de comunicación", dijo el académico Mauricio Meschoulam, de la jesuita Universidad Iberoamericana. Especialista en terrorismo, mediación y paz, Meschoulam participó con otros expertos en una investigación que evaluó la prevalencia del síndrome en este país asediado por la violencia sangrienta derivada del narcotráfico y de la militarización adoptada por el Gobierno como método de combate a las mafias.

Basado en 333 cuestionarios en 15 de los 32 Estados, el "Estudio sobre efectos psicosociales por violencia en México" señala que 51% de los entrevistados consideran que la violencia afecta su vida laboral, 72% la social y 58 % la familiar.Además, 42 % de los consultados respondieron que el fenómeno impactó en su estatus económico y 60,1% en su salud mental. La medición registró manifestaciones de trastornos varios, como angustia e insomnio frecuentes, irritabilidad y desesperanza. Todos los consultados están expuestos, como el resto de la sociedad mexicana, a las escenas cotidianas de terror que plagan las páginas de los diarios, invaden las pantallas de televisión y circulan en el ciberespacio a través de las redes sociales y blogs.

La escalada comenzó tras la llegada al gobierno el 1 de diciembre de 2006 de Felipe Calderón, quien dispuso de inmediato movilizar a las Fuerzas Armadas para luchar contra el narcotráfico.