Enrique Echeverría

Violencia verbal

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 601
Triste 3
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 5

La campaña electoral provoca pasiones. Los candidatos utilizarán lenguaje acorde con la buena educación. Que no se trate de justificar excesos recordando que, en el pasado, lanzaron cenicero y causaron heridas a un legislador; o que algunos asistían a sesiones con revólver al cinto, como en el viejo oeste. A ninguno, se le ocurrió -como aconteció recientemente- que una asambleísta de gobierno ofendiera al de oposición con los inaceptables y vulgares adjetivos de cretino y mamarracho.

En la década “ganada” se instauró en el país un nuevo lenguaje usando adjetivos peyorativos desde el poder político, como cuando el Jefe de Estado calificó a una periodista de “gorda horrorosa”, advertido que esa calificación corresponde a mujer fea entre las feas; y está reñido con la delicadeza de trato a una mujer, menos a la aludida que de fea no tiene nada.

Los calificativos oficiales son tan numerosos que es preferible olvidar. Uno, expresado el domingo anterior, “majadero”, lo endilgó el Presidente a su entrevistador en el Canal 4 de TV. Algún otro, de entre decenas, como “caretuco” ha adquirido valor de uso en nuestro medio.
La señora asambleísta, doña Betty, escogió mal los adjetivos contra el Dr. Ramiro Aguilar, persona tranquila, culta, que discute con razones y con la ley como fundamento.

Es comprensible, pero no justificable, que un Presidente agobiado de problemas, pueda perder la paciencia en algún momento; para entender lo que dijo a víctimas del terremoto reciente que se agolparon para quejarse: “A ver señora, estamos en emergencia nacional. Aquí nadie me pierde la calma, nadie grita o lo mando detenido, sea joven, viejo, hombre o mujer; nadie me empieza a llorar o a quejárseme por cuestiones que falten”.

El ex Vicepresidente de la República Dr. León Roldós Aguilera recuerda expresiones del actual Jefe de Estado, alrededor del año 2011, refiriéndose a mujeres: “Qué asambleístas que tenemos, guapísimas … eh, Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con minifaldas, Dios mío”. (Estuvo con ánimo diferente) Estos episodios pueden ser vanales, pero algunos subalternos –entre ellos una “sumisa”- va más allá y usa términos tan groseros como “cretino y mamarracho”, que no tienen justificación en ningún estamento cultural, menos proferidos en el recinto de una Asamblea Nacional compuesta –se supone- por los mejores ciudadanos.

El elector debe escoger bien por quién votará próximamente. Con tanta dispersión de fuerzas políticas, podría repetirse el caso acontecido antaño, en un comicio en el cual un candidato obtuvo solamente tres votos. La esposa, con escoba en mano lo perseguía para castigarlo, aduciendo: ¿con que has tenido amante, no? Y como negó, le replicó: entonces, ¿de dónde sale el tercer voto?

eecheverria@elcomercio.org