Dimitri Barreto P.

Mujeres violentadas en vallas, redes, calle...

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Los afiches siguen adheridos a postes de alumbrado público de Quito con la foto de Ruth, los ojos verdes, el cabello castaño, reportada desaparecida. Su cadáver fue hallado el 11 de septiembre del 2017 en un bosque, asesinada, golpeada en la cabeza, abandonada.

En Ecuador, una mujer es asesinada cada 53 horas. Lo dice el colectivo Geografía Crítica, que ha documentado 112 femicidios entre el 1 de enero y el 7 de septiembre del 2017. La violencia patriarcal -se ha dicho- tiene en el femicidio su expresión más extrema, pero esta no es su única representación.

La misma noche que la Fiscalía levantaba el cadáver de Ruth, en redes sociales se desbordaban de indignación por una valla en Loja con una mujer ensangrentada, la publicidad de una tienda de carnes con ‘el mismo sabor’: expresión pura de cosificación.

¿Cosificación? Sí. Esa forma de violencia simbólica contra las mujeres, que las trata como un objeto para usarse a discreción. Su espacio más visible no solo es la publicidad, también los programas de TV, videos musicales, películas de acción, videojuegos...

La buena noticia es que legisladores parecen dispuestos a combatirla en el proyecto de Ley Orgánica para la Erradicación de la Violencia de Género que llegó en agosto al Parlamento de Ecuador. Sí, esa propuesta legal -que la Asamblea ha ofrecido aprobar hasta el 25 de noviembre del 2017- recoge los cinco tipos de violencia identificados por la Coalición Nacional de Mujeres del Ecuador: física, sexual, psicológica, patrimonial (económica) y simbólica.

La Coalición -se han requerido decenas de mujeres masacradas- ha calado en diputados que ahora reconocen como ámbitos de la violencia contra la mujer no solo al familiar, sino también al institucional, político, laboral, educativo, gineco-obstétrico y mediático.

Educar para extirpar esas violencias es evolucionar como sociedad. Basta ya de machismo cotidiano, como aquel que se convierte en xenofobia cuando un hombre es rechazado o llamado feo por las extranjeras que acosa.