Ana María Correa Crespo

Entonces vinieron por mí

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21 de July de 2011 12:29

Mientras escribo, está a punto de iniciar la audiencia final de juzgamiento dentro de la querella por injurias calumniosas interpuesta por el Presidente de la República (a título personal), contra el ex editor de opinión, Emilio Palacio, y los directivos de diario El Universo, Carlos, César y Nicolás Pérez. A la audiencia ya ha llegado el propio Correa, como para que a nadie le quepa la más mínima duda, de quién lleva la batuta del proceso. La presión moral a la que estará sometido el juez es innegable, cuando es el Presidente en persona, quien manejando los hilos de la justicia en este país, vigilará cada movimiento suyo, cada gesto.

Pero para entender la génesis de este proceso y el porqué el Presidente ha llevado esto a los extremos más insospechados, vale remontarse algunos años atrás a la época en la que el actual mandatario era un líder estudiantil de la Universidad Católica de Guayaquil. Por aquel entonces, Correa había organizado una serie de actividades, entre ellas la “Semana de la Paz” que iba a ser cubierta por El Universo. Llegado el día, el compromiso no se cumplió y Rafael Correa Delgado se sintió profundamente agraviado.

Ni él mismo se habrá imaginado que veintitantos años después, y desde la máxima posición de poder, podría vengar la ofensa recibida con una demanda por daño moral por un monto de 80 millones de dólares por un artículo considerado “injurioso” de su editor de opinión.

Más allá de los resultados de la audiencia, y de comprender la dimensión personal que el caso tiene para el Presidente (el resentimiento contra el diario lleva más de 20 años en incubación) este proceso dejará una secuela profunda para quienes hacen periodismo investigativo y de opinión en el país.

Emilio Palacio pudo haber cometido excesos en su columna editorial. Su seriedad se comprometió cuando hizo afirmaciones que luego no pudo probar, pero demandar a los dueños del periódico es un absurdo. El “legado” presidencial pretende atemorizar y disuadir al resto de medios.

Todos aquellos quienes tenemos un espacio de opinión estamos siendo víctimas de la autocensura y lo estaremos aún más luego de este episodio. Unos callan a propósito, otros no tienen opción. Por eso vale recordar la frase erróneamente atribuida a Bertolt Brecth y que en realidad es de Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, ya no había nadie más que pudiera protestar".