Rodrigo Fierro

El viejito Pepe Mujica

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10 de January de 2013 00:01

Para cuando José Mujica llegó a la presidencia del Uruguay tenía 75 años. Un patriarca de las que fueron filas revolucionarias que pasó de la madurez a la senectud manteniendo esa lucidez que le ha permitido, según dicen, no necesitar nada más que lo indispensable para hallarle gusto a la vida.

Casado con quien fue su compañera de siempre, tal para cual, rarísimo. Pepe Mujica, como popularmente se le conoce, se ha constituido en un referente de quienes claman por sociedades sobrias y austeras, superiores, digamos, pues habrán logrado pasar sin hundirse el pantano del consumismo, o tuvieron la dicha de no conocer los flagelos de la revolución industrial (¡¿?!).

Se dice que entre quienes tenían la responsabilidad de conducir el rebaño de Dios, algunos se oponían a la revolución industrial. Avizoraban, se asegura, adelantos científico-tecnológicos que en cadena llegarían al final de los tiempos, al aniquilamiento de la especie humana, inclusive a la destrucción del planeta. La revolución industrial se demostró imparable, al tiempo que en progresión geométrica se multiplicaban quienes eran sus beneficiarios. Debe ser parte de la naturaleza humana ese afán de ir solucionando los problemas, esa obsesión por ir progresando y progresando. De los artilugios de barro y piedra a los de bronce, y de ahí a los de hierro, a los de materiales nuevos más resistentes y menos pesados. Una cadena sin fin, en todos los campos.

Que los tiempos pasados fueron mejores, ¡un cuento! dirían las abuelas: de la cocina de leña a la de gas; de las lavativas de antaño a los laxantes actuales. En eso del consumismo, las amas de casa, las del trabajo duro, a la vanguardia. Ahí están las ollas de aluminio que se ven en los bohíos de los pueblos amazónicos. Las refrigeradoras que hacían escarcha desaparecieron como por encanto.

De lo grande a lo pequeño o viceversa que va a lo mismo. Cuando el brillante científico norteamericano Dr. Leslie DeGroot requirió de tecnologías más finas y precisas para proseguir sus investigaciones sobre las funciones de los receptores de los núcleos de las células hepáticas, vinieron en su auxilio los ingenieros de nuevos dispositivos. En pocos meses DeGroot contó con los instrumentos que requería para progresar. Los usuarios de tales adelantos debieron contarse por miles. Es también la sociedad de consumo.

Me parece que la austeridad y la sobriedad de Pepe Mujica le vienen como secuela de los largos años que estuvo en prisión y la edad avanzada a la que iba llegando. Eso de que sus trajes y su coche provengan del siglo pasado no es para entusiasmarle a nadie menor de 65 años. Una sociedad que consuma lo indispensable como para no morirse de las iras (es un decir), no creo que sea una propuesta a estas alturas de las modernidades a las que hemos llegado.